Autolesiones (III): alternativas

Autolesiones (III): alternativas

Empezamos por intentar comprender a qué nos referíamos exactamente cuando hablábamos de autolesiones. Después, profundizamos en el tema estudiando las distintas explicaciones que nos pueden ayudar a comprender mejor el por qué de estas conductas y qué factores son importantes a tener en cuenta. Para finalizar esta serie, nos gustaría concluir con las alternativas que los profesionales de la salud mental ofrecen a las personas que realizan este tipo de comportamiento.

Autolesiones (III): alternativas

Como comentábamos en la entrada anterior, el carácter adictivo e impulsivo de las conductas autolesivas (CAL) en muchos casos, parece sugerir que existe un conjunto de beneficios o ventajas que, aunque temporales, permiten al individuo mantenerse estable en diferentes ámbitos de su vida. Por ello, investigadoras como Jennifer Muehlenkamp, de la Universidad de North Dakota, apuestan por un tratamiento que se centre más en ofrecer conductas o comportamientos que ayuden a la persona a solventar su problemática (de la índole que sea), que en la mera eliminación de las CAL.

Esta es la base teórica de los tratamientos cognitivo-conductuales (TCC), protocolos que han demostrado bastante eficacia a la hora de abordar las CAL. La base de casi todos los programas TCC es la terapia de solución de problemas, cuyo objetivo es ayudar al paciente a descubrir nuevas estrategias de afrontamiento, nuevas alternativas de conducta que le permitan abordar el malestar emocional, las tensiones sociales o el fracaso académico/laboral de un modo adaptativo. Para ello se llevan a cabo breves ensayos (en grupo de terapia normalmente) que permiten tratar la impulsividad y la evitación a entrar en conflicto (en los pacientes que cometen CAL existe una tendencia a rehuir de los problemas en lugar de confrontarlos).

A partir de este modelo, surgen otros programas. Por ejemplo, el Manual-Assisted Cognitive-behavioral Therapy (MACT) de Igor Weinberg y John Gunderson. Estos investigadores se basan en la popular Terapia Dialéctica Conductual desarrollada por Marsha M. Linehan para el Trastorno Límite de la Personalidad, y crean un programa que además de ofrecer estrategias de afrontamiento también trabaja con las emociones y los pensamientos que giran alrededor de las conductas autolesivas. De esta manera, los profesores de Boston consiguen crear un protocolo que aborde al mismo tiempo la prevención de recaídas. La versión para adolescentes de este programa lo crearía más adelante el equipo de investigación de Lucy M. Taylor en 2011, llamado The cutting down program.

La terapia de solución de problemas, cuyo objetivo es ayudar al paciente a descubrir nuevas estrategias de afrontamiento, nuevas alternativas de conducta que le permitan abordar el malestar emocional, las tensiones sociales o el fracaso académico/laboral de un modo adaptativo.

Ahora bien, como hemos venido sugiriendo desde la primera entrada de esta serie, el contexto social y familiar de la persona que comete autolesión juega un rol fundamental. Es evidente que no se puede hablar de una relación directa (causa-efecto) pero no son pocos los investigadores que han visto un gran apoyo en la terapia relacional o familiar a la hora de abordar las CAL. Desde una perspectiva más psicoanalítica, Anthony Bateman y Peter Fonagy desarrollan este enfoque a la familia con la Terapia basada en la mentalización. La mentalización se relaciona con la capacidad de comprender e interpretar las conductas propias y de otros por medio de la atribución de estados mentales (muy similar a la Teoría de la Mente de Baron-Cohen).

Fonagy ve una estrecha relación entre esta capacidad de interpretación y el apego. Según estos investigadores, la incapacidad de mentalizar provocaría un efecto domino en algunas personas: las situaciones vividas como negativas producen un malestar intenso (sobre todo si se dan en el ámbito social), esto lleva a un estado depresivo que induce en última instancia a la búsqueda ansiosa de distracción. Bateman y Fonagy suponen que esto último estaría relacionado con la impulsividad y la regulación emocional que busca la autolesión.

Por ello, la Terapia basada en la mentalización, además de las sesiones individuales, también apuesta por sesiones familiares donde se intenta fomentar una comprensión de la acción en términos de pensamiento y emociones. Con una postura más sistémica, Stanley Huey también da relevancia al ámbito familiar y el desarrollo de sus terapias ha demostrado diferencias significativas en la reducción de CAL en comparación con pacientes hospitalizados sin dicho tratamiento.

Las situaciones vividas como negativas producen un malestar intenso (…), esto lleva a un estado depresivo que induce en última instancia a la búsqueda ansiosa de distracción. Bateman y Fonagy suponen que esto último estaría relacionado con la impulsividad y la regulación emocional que busca la autolesión.

Es inevitable que comportamientos como las CAL susciten extrañeza, terror e incertidumbre. Las conductas violentas siempre nos parecen ajenas, inhumanas. Sin embargo, no ha sido hasta que hemos abordado la autolesión como un comportamiento más de nuestro repertorio conductual cuando de verdad hemos empezado a comprenderla.

Acabamos esta serie esperando que vuestra visión sobre las autolesiones sea un poco más clara, más realista, más humana… para que cuando la veáis, no huyáis despavoridos, ni miréis a otro lado, sino que podáis recordar que existen alternativas.

Daniel Sazo

Psicólogo General Sanitario por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, trabajando con población anciana y como personal técnico de investigación en el departamento de evaluación, personalidad y tratamiento psicológico de la Universidad de Sevilla. | Contacto: dansazher@gmail.com

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