El bullying no es cosa de niños

En los últimos años, la alerta social por los casos de acoso escolar ha aumentado exponencialmente. En la prensa y los medios, podemos encontrar noticias referentes al bullying prácticamente a diario; en las leyes, comienzan a aparecer documentos normativos que hacen referencia a este tipo de violencia de manera específica; e incluso ya existe un teléfono gratuito y confidencial de ayuda para denunciar estos casos (900 018 018).

Sin embargo, según los últimos datos recogidos por la UNESCO, el 20% de los menores a nivel mundial sufre o ha sufrido maltrato escolar. ¿Por qué las cifras de niños/as acosados no parecen reducirse? ¿Qué mecanismos sociales subyacen al bullying y lo hacen tan resistente? Y, sobre todo, es importante que reflexionemos sobre una cuestión: ¿estamos, los/as adultos/as, haciendo todo lo posible por prevenir y eliminar esta terrible problemática?

¿Qué es el bullying?

En primer lugar, debemos delimitar el concepto del término. Del mismo modo que no es oro todo lo que reluce, no toda la violencia o las agresiones que se dan en el contexto escolar pueden considerarse bullying. En este sentido, el acoso escolar se caracteriza por tres condiciones sine qua non:

  • Desequilibrio de poder: la persona agresora y la persona agredida se encuentran en desigualdad, de manera que esta última no sea capaz de defenderse ante las agresiones.
  • Intencionalidad: la persona agresora tiene conocimiento de este desequilibrio y, por eso, ataca a esa otra persona en particular. Además, lo hace única y exclusivamente para hacer daño y reforzar su status de poder.
  • Repetición y continuidad en el tiempo: la agresión no es un hecho puntual, sino sistemático, que tiene lugar con frecuencia y de manera constante en el tiempo.

Todo esto no quiere decir, por supuesto, que encontrar a dos alumnos/as peleándose o insultándose deba considerarse “una chiquillería” o “cosa de niños”. Si queremos educar a nuestro alumnado en valores como el respeto, la tolerancia y la igualdad, debemos rechazar cualquier tipo de agresión, sea ésta continuada en el tiempo o puntual, e intervenir de manera inmediata para que nunca más se repita.

Tipos de acoso escolar

Al igual que ocurre con otros tipos de violencia, el bullying puede estar teniendo lugar de una manera más o menos explícita, manifestándose con claridad o, por el contrario, ocultándose en formas más sutiles y, en consecuencia, siendo más difícil de detectar. De esta manera, podemos decir que existe el maltrato directo o indirecto, siendo los cuatro tipos más comunes:

  • Físico directo: agresiones físicas, ya sean patadas, puñetazos, empujones, etc.
  • Verbal directo: insultos y descalificaciones, motes ofensivos, amenazas, etc.
  • Físico indirecto: esconder o romper cosas de la persona agredida, robarle, etc.
  • Relacional indirecto: extender rumores sobre la persona, ignorarla, exclusión y bloqueo social, etc.
Las muchas caras del bullying
El acoso puede darse de muchas formas y las agresiones pueden ser más o menos visibles.

En los últimos años, con la aparición de las nuevas tecnologías, ha surgido un nuevo tipo de acoso denominado cyber-bullying, que no es más que una nueva forma de agredir en las formas anteriores, sólo que a través de una pantalla de móvil u ordenador y, en muchos casos, de manera anónima, por lo que es aún más difícil de detectar.

¿Quién es quién en los casos bullying?

Normalmente, cuando se habla de este tipo de violencia, se suele hacer mención únicamente al agresor y a la víctima, pero esta es una idea demasiado simplista de evaluar un proceso tan complejo como es el acoso escolar. Además de estas dos figuras principales, encontramos a otros agentes que cumplen unos roles igual de esenciales para el mantenimiento de la violencia, que son:

  • Ayudantes: son los fieles seguidores del agresor, sumisos y agresivos al mismo tiempo, apoyando siempre las decisiones de su líder pero actuando en un segundo plano.
  • Animadores: son aquellos que presencian el maltrato y lo aplauden, es decir, el público. Refuerzan el comportamiento de los agresores animándoles a seguir, riéndose o simplemente mirando.
  • Ausentes o espectadores pasivos: se trata de aquellas personas que, a pesar de tener conocimiento de que el acoso está teniendo lugar, no hacen nada, se quedan fuera de las situaciones de maltrato. Esto es lo que se conoce como desconexión moral. Suelen ser no sólo compañeros/as de clase de la víctima, sino también docentes y otros adultos que restan importancia a lo que está ocurriendo.
  • Defensores: personas que prestan ayuda a la víctima, ya sea de manera directa, enfrentándose a los agresores, o indirectamente, ofreciendo consuelo y apoyo a la persona agredida.

Mecanismos subyacentes al bullying

Teniendo en cuenta todos estos factores y roles, el complejo proceso relacional que tiene lugar en el bullying podría explicarse con el siguiente gráfico:

Proceso de bullying

Como podemos observar, todos los componentes tienen relación entre sí, es decir, todas las personas que intervienen en este sistema interactúan entre sí, positiva o negativamente. No obstante, cabe prestar especial atención a la relación que tienen los ausentes con el resto, ya que es la posición de éstos la que puede cambiar todo el entramado. En este sentido, por un lado, si estas personas continúan mirando hacia otro lado, seguirán permitiendo que el agresor y sus “secuaces” mantengan su estatus de poder y seguirán así maltratando a la persona. Por el contrario, si los ausentes dejan de ignorar el problema y se posicionan del lado de la víctima, estarán convirtiéndose en defensores, rechazando la violencia ejercida por el agresor y sus “secuaces”, reduciendo su poder y, finalmente, rompiendo el desequilibrio existente en el sistema de acoso y opresión.

En la práctica, esta idea ha comenzado a ponerse en marcha en los centros educativos a través de la creación de la figura del mediador escolar. Se trata de alumnado voluntario (en algunas ocasiones, también profesorado) que ha sido formado en un área específica de atención (en este caso, el acoso escolar) y que se encarga de la prevención, detección e intervención cuando surge alguna problemática relacionada en la escuela. De esta manera, estos grupos de estudiantes, quienes probablemente antes formaban parte del groso del grupo de los ausentes, se movilizan y actúan, se convierten en defensores directos y, en última instancia, ayudan a crear una cultura de paz y no violencia en sus colegios o institutos.

Mobbing, violencia de género y otras formas de opresión social

La idea principal que debemos extraer de la lectura de este texto es que el bullying no es un problema entre dos menores, sino que constituye un sistema social propio sostenido por un conjunto de personas que cumplen unos y otros papeles y que tienen, en muchas ocasiones, más de 18 años. De hecho, el caso del mobbing en el ámbito laboral o de la violencia de género en el ámbito doméstico son claros ejemplos de que este sistema de violencia traspasa los muros de los colegios e institutos y va mucho más allá.

Se trata, por tanto, de un problema de opresión social y, como tal, ha de resolverse de manera social, entre todos/as, sin mirar a otro lado, sin echar la culpa a los demás y, sobre todo, sin reducirlo a una “cosa de niños”.

Referencias

Jiménez Vázquez, A. (2007). El maltrato entre escolares (Bullying) en el primer ciclo de Educación Secundaria Obligatoria: valoración de una intervención a través de medios audiovisuales. (Tesis doctoral). Universidad de Huelva, Huelva.
Salmivalli, C. (2010). Bullying and the peer group: A review. Aggression and Violent Behavior, 15, 112-120.
Salmivalli, C., Huttunen, A. y Lagerspetz, K.M.J. (1997). Peer networks and bullying in schools. Scandinavian Journal of Psycology, 38, 305-312.
Sutton, J. y Smith, P.K. (1999). Bullying as a Group Process: An adaptation of the Participant Role Approach. Aggressive Behavior, 25, 97-111.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

1 comentario

  1. Francisca Morón Santamaría dice: Responder

    Totalmente de acuerdo, gracias por tu trabajo Julia,
    Un abrazo

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