De placebos y nocebos

De placebos y nocebos

En 2003, las investigadoras Seema L. Assefi y Maryanne Garry de la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda), basándose en estudios anteriores, pusieron en marcha un curioso experimento: en una muestra de 148 sujetos, hicieron creer a la mitad de estos que estaban bebiendo vodka con tónica, cuando en realidad todo lo que bebieron fue agua con tónica y limón. Como resultado de este engaño, a pesar de que el porcentaje de alcohol en sangre de los participantes era exactamente de 0%, mostraron claros síntomas de embriaguez, como dificultades para recordar o cierta actitud de sobre-cofianza en sí mismos; algunos flirtearon con una de las investigadoras y otras no paraban de reír. Es decir, la mera idea de haber consumido alcohol hizo que estas personas creyeran (y se sintieran) borrachos.

¿Cómo es esto posible? Mediante el efecto placebo.

Placebos

Efecto placebo: El “engaño” que lleva a la mejora

Si buscáis placebo en el diccionario, la Real Academia Española lo define como “toda aquella sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto favorable en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción”. En las condiciones adecuadas, una simple pastilla de azúcar puede llegar a curarnos desde un simple dolor de cabeza hasta un cuadro depresivo.

Además, el efecto placebo no sólo está presente en el ámbito de la salud y de las enfermedades, sino que forma parte de nuestra vida cotidiana. Sin ir más lejos, ¿cuántos de vosotros preferís la Coca-Cola a la Pepsi, o a cualquier refresco de Cola de marca blanca? O bien, aquellos que tengáis hijos/as, ¿cuántas veces les habéis dicho que aquello eran “macarrones verdes”, cuando era evidente que estaban comiendo judías hervidas? O, por otro lado, amigos/as estudiantes, ¿Alguna vez, quizás, habéis tenido un “boli para los exámenes”, porque aparentemente siempre que lo usábais la nota era mejor? En todos estos casos, una bebida, un alimento o un simple instrumento para escribir y, sobre todo, el pensamiento que tenemos sobre los mismos, ayuda a que nos sepa mejor, no nos cause rechazo o, incluso, nos ayude a aprobar una asignatura.

¿Coca-Cola o Coca-Cola?
El márketing tiene un fuerte componente placebo. En un estudio, se presentó a los participantes cierto refresco en dos vasos, uno etiquetado con una marca conocida y otro sin etiquetar. La mayoría de los sujetos afirmaron que el vaso etiquetado era el que mejor sabía, a pesar de tratarse en los dos casos de Coca-Cola.

¿Cuándo funcionan los placebos?

Por supuesto, no todas las personas responden de la misma forma a los placebos. Existen ciertas condiciones o factores de eficacia que favorecen o dificultan que estas sustancias aparentemente inocuas puedan ayudarnos o no, entre las que cabe destacar:

  • Características del propio placebo: Ya sea la forma, el tamaño, el color, la textura, el precio, etc. Por ejemplo, una investigación de la Universidad de Ámsterdam demostró que los comprimidos de color rojo o negro tienen mayor “eficacia” que el resto, mientras que los blancos son percibidos como “más débiles”, así como los rojos, amarillos o anaranjados se consideran estimulantes y los azules o verdes transmiten tranquilidad. Asimismo, las cápsulas, además, parecen ser más eficaces que las pastillas, y los medicamentos inyectados consiguen mejores resultados que los orales, aunque la reina de las intervenciones con efecto placebo es la cirugía, aunque tan sólo consista en “abrir y cerrar” al paciente. Por otro lado, en cuanto al precio, se ha comprobado que los analgésicos más caros son los que mejor alivian el dolor. Finalmente, si nuestro médico o farmacéutico nos asegura que el tratamiento es “muy potente“, que la administración es “complicada” y/o que se trata de una terapia “muy moderna y eficaz“, la eficacia del producto puede aumentar en un 25-75%.
  • Características de la enfermedad o de sus síntomas: Hasta el momento, los mejores resultados que se han obtenido mediante el uso de placebos ha sido en situaciones reversibles y con un importante componente psicológico, como es el caso de dolores leves, cuadros depresivos (no profundos), insomnio o trastornos de ansiedad. Algunos estudios también señalan efectos positivos significativos en: Síndrome de Tourette, angina de pecho, hipertensión, enfermedad de Párkinson, asma, inflamación y tos, entre otros.
  • Características de la persona receptora del placebo: Algunos factores de eficacia tienen que ver con aspectos personales, como puede ser la motivación por curarse o mejorar, las expectativas positivas o negativas en cuanto al tratamiento, o el grado de atención que se le preste a los síntomas corporales; paradójicamente, cuanto más centrados estemos en el dolor, más susceptibles somos a que el placebo funcione. Por otro lado, no se han encontrado resultados concluyentes que permitan afirmar que los rasgos de personalidad influyan en la mayor o menor eficacia de los placebos. No obstante, basándonos en la literatura especializada, las personas más crédulas, impulsivas, indulgentes, infelices, inmaduras o con mayor tendencia a la exageración, parecen responder mejor al uso de placebos como tratamiento. En general, cuanto mayor sea nuestra capacidad de sugestión, mayor eficacia tendrán los placebos.

Procesos cerebrales y efectos fisiológicos

Sin entrar en mucho detalle y complicar la lectura con terminología neurocientífica, cabe destacar la influencia de los sistemas endógenos opioides de nuestro cerebro, es decir, aquellos que se encargan de aliviar el dolor y producir sensación de bienestar en nuestro cuerpo. En este sentido, la respuesta al placebo se ve claramente reflejada en una activación de algunas áreas del sistema límbico (particularmente, del núcleo accumbens, la amígdala y el tálamo) donde se produce un aumento significativo en la producción de endorfinas.

Activación del sistema límbico
A través de imágenes obtenidas a través de PET, investigadores de la Universidad de Michigan comprobaron la activación de distintas áreas del sistema límbico cuando se le suministraban sustancias placebo a los participantes. Así, se puede observar que los opioides endógenos, producidos por el propio cerebro, detienen la transmisión de señales de dolor y alivian el malestar a los pacientes.

Asimismo, en otros estudios se ha observado activación del estriado por la liberación de dopamina, lo que explicaría los beneficios obtenidos en casos como la enfermedad de Párkinson, o los cambios metabólicos y eléctricos en distintas áreas del sistema nervioso central.

En otras palabras, y resumiendo todo lo anterior, al creer que estamos tomando un medicamento con efectos analgésicos (pongamos, una aspirina), nuestro cerebro puede llegar a producir sustancias propias que poseen tales efectos (en este caso, endorfinas o dopamina), aliviando así nuestro dolor y produciendo una mejora general a nivel físico y/o fisiológico.

Efecto nocebo

El efecto placebo, como el mejor de los superhéroes, cuenta con su versión antagonista: el efecto nocebo (del latín, “te perjudicaré“). Éste consiste en el empeoramiento de los síntomas de una enfermedad por la creencia o expectativa, ya sea consciente o no, de que la medida terapéutica que está usándose presenta efectos negativos.

Al igual que el placebo, el nocebo no depende sólo de expectativas racionales, sino del aprendizaje inconsciente (condicionamiento) que resulta de la experiencia de los actos médicos; si un paciente ha recibido previamente un tratamiento inefectivo (o, aún peor, varios) para su enfermedad y ahora acude a uno nuevo, es probable que sus expectativas sean bastante bajas, lo que puede afectar a que, de hecho, el tratamiento sea efectivo o que los síntomas empeoren/mejoren.

En algunos casos, el efecto placebo y el nocebo se pueden dar al mismo tiempo. Imagináos que vais al médico porque tenéis un dolor de cabeza muy fuerte. Entonces, el médico os receta una pastilla que, según afirma, eliminará totalmente el dolor, aunque es probable que os cause cierta sequedad en la piel. Pues bien, imagináos ahora que, una vez curados del dolor y con la piel menos suave que de costumbre, vuestro médico os informa de que se trataba de una simple pastilla de azúcar. En este caso, por lo tanto, el mismo placebo ha resultado ser un nocebo.

Píldoras
¿Placebos o nocebos?

Y es que, como bien decía Mary Poppins:
“Si hay un poco de azúcar,
esa píldora que os dan
satisfechos tomaréis.”

Referencias

Assefi, S.L. y Garry, M. (2003). Absolut® Memory Distortions: Alcohol Placebos Influence the Misinformation Effect. Psychological Science, 14, 77-80.
Geers, A. L., Helfer, S. G., Weiland, P. E. y Kosbab, K. (2006) Expectations and Placebo Response: A laboratory investigation into the role of somatic focus. Journal of Behavioural Medicine, 29, 171-178.
Oakes, M. E. (2009). Students’ beliefs about placebo responders: Implications for fundamentals of Psychology Courses. Current Psychology, 28, 12-20.
Peciña, M., Bohnert, A. S. B., Sikora, M., Avery, E. T., Langenecker, S. A., Mickey, B. J. y Zubieta, J. K. (2015). Association between placebo-activated neural systems and antidepressant responses: Neurochemistry of Placebo Effects in Major Depression. JAMA Psychiatry, 72, 1087-1094.
Shiv, B., Carmon, Z. y Ariely, D. (2005). Placebo effects of marketing actions: consumers may get what they pay for. Journal of Marketing Research, XLII, 383–393.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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