Efectos del alcohol en el cerebro

Efectos del alcohol en el cerebro

En su obra Women, Charles Bukowski escribía:

Ese es el problema de beber, pensaba, mientras me servía un trago. Si algo malo pasa, bebes para intentar olvidar; si algo bueno pasa, bebes para celebrar; y si nada pasa, bebes para hacer que algo pase.

Y es que, sin duda, el alcohol está presente en nuestra vida y arraigado en nuestra cultura, asociado de igual forma al festejo y la alegría que a la tristeza y la soledad. De hecho, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Unión Europea es la región donde más se bebe a nivel mundial y, según Verne, en España, más del 93% de los/as adultos ha probado el alcohol alguna vez, así como el 10% lo consume a diario.

A la luz de estos datos, cabe preguntarse: ¿sabemos qué efectos reales tiene el alcohol en nuestro organismo? Por supuesto, esta entrada no busca ser una moralina, pero sí aportar una información básica sobre el efecto del alcohol en nuestro cerebro y sus consecuencias más directas.

Algunos conceptos previos: neuronas y neurotransmisores

Antes de empezar, es importante aclarar algunas ideas básicas sobre el funcionamiento neuronal para poder comprender el tema central que nos atañe.

En primer lugar, cabe señalar que la conexión entre neuronas en el cerebro tiene lugar a través de la sinapsis, el proceso de transmisión de impulsos nerviosos. De manera resumida, este comienza con una descarga química que, a su vez, provoca otra de tipo eléctrico que recorre la célula hasta llegar al extremo de su axón, donde conecta con los receptores de la siguiente neurona, a la que transmite ciertas biomoléculas conocidas como neurotransmisores. Estos últimos, por su parte, al entrar en contacto con sus receptores específicos, harán que la acción neuronal se potencie (efecto excitador) o se reduzca (efecto inhibitorio), regulando así la actividad cerebral.

Proceso de sinapsis o conexión entre neuronas

En segundo lugar, a continuación vamos a hablar de dos neurotransmisores (y de sus receptores específicos) concretos: los GABA y el glutamato. Los primeros son de tipo inhibidor, es decir, que cuando se unen a los receptores de la neurona, es menos probable que ésta emita una señal. Por el contrario, el glutamato constituye un neurotransmisor de tipo excitador, esto es, facilita y potencia la sinapsis y, en última instancia, la actividad neuronal. Tanto unos como otros, por supuesto, son esenciales para el correcto funcionamiento del cerebro y su equilibrio.

¿Qué hace el alcohol en el cerebro?

El componente químico de las bebidas alcohólicas que interfiere a nivel neuronal en el funcionamiento sináptico habitual es el denominado etanolalcohol etílico.

En este sentido, cuando esta sustancia llega al cerebro, su efecto sedativo es doble. Por un lado, interactúa con los receptores GABA, haciendo que el efecto inhibidor sea mayor de lo normal.

Interferencia del alcohol con GABA | Adaptada de © Learn.Genetics.

Por otro lado,  y de manera simultánea en otras áreas del cerebro, el etanol también se une a los receptores de glutamato, inhibiendo la acción neuronal e impidiendo así que este neurotransmisor envíe la señal excitadora.

Interferencia del alcohol con el glutamato | Adaptada de © Learn.Genetics.

Además de esto, el alcohol etílico también afecta a otros neurotransmisores de la misma forma que lo hacen otras drogas, como es el caso de la dopamina y la serotonina, fundamentales en los mecanismos de placer; y de la acetilcolina, que interviene en los procesos de refuerzo en los hábitos de consumo. Por esta razón, beber sin moderación puede crear una adicción en la persona y acabar derivando en alcoholismo.

¿Qué supone esto y en qué se traduce?

De este modo, la actividad cerebral se ve alterada en distintas regiones cerebrales, afectando a diferentes funciones para llevar a cabo actividades esenciales. Específicamente, el alcohol afecta en especial a áreas del cerebro como  el hipocampo y la corteza prefrontal, involucradas en la formación de recuerdos, la toma de decisiones y el control de impulsos.

¿En qué se traduce esto? A corto plazo, ya sabemos (por experiencia propia o por la representación en los medios) cuáles son las características más habituales de una borrachera: desinhibición, conductas de riesgo, lagunas en la memoria, falta de coordinación, dificultades en el habla o lentitud de respuesta, entre otras. Cabe mencionar, además, que se puede llegar al coma etílico, un nivel de intoxicación tal que hace perder la conciencia a la persona.

Pero esto no queda ahí. Los efectos del alcohol también provocan afectaciones en el cerebro que se mantienen en el tiempo, esto es, a largo plazo. En este sentido, hay que aclarar que beber no mata las neuronas, como suele decirse, sino que las daña irreversiblemente y, como se ha explicado previamente, altera las conexiones que se establecen entre ellas. Esto conlleva, en última instancia, a problemáticas como la atrofia cerebral, dificultades en las funciones cognitivas superiores, posibles lesiones cerebrales como un aneurisma o, incluso, padecer la enfermedad del Alzheimer. Asimismo, como el resto de drogas, el abuso del alcohol puede derivar en su adicción, el alcoholismo, lo cual puede conllevar también sufrir el Síndrome de Korsakoff.

Referencias

Carlson, N. R. (2014). Physiology of behavior (11th edition). Madrid: Pearson.
Guerri, C. (2000). Cómo actúa el alcohol en nuestro cerebro. Mechanisms of ethanol actions on the brain. Trastornos Adictivos, 2, 14-25.
Rodríguez, F., Broglio, C., Durán, E., Gómez, A., Ocaña, F. M., Jiménez-Moya, F. y Salas, C. (2006). Fundamentos de Neurociencia. Manual de Laboratorio. Nueva York: McGraw-Hill.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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