El hombre con el cerebro atravesado y el hombre que sólo decía “tan-tan”

En esta entrada vamos a tratar dos casos clínicos muy conocidos y que han dado pie a muchas investigaciones: el de Phineas Gage y el de “Tan”, dos pacientes con daño en el lóbulo frontal. Así que, antes de describir los casos, vamos a señalar las consecuencias del daño en dicha área del cerebro.

La relación del lóbulo frontal con la personalidad

El daño del lóbulo frontal puede alterar el comportamiento del sujeto de distintas maneras. Por ejemplo, puede hacer que ciertos rasgos de personalidad se incrementen o que el sujeto se comporte de manera opuesta a como lo hacía antes de la lesión. Este cambio significativo en la conducta tras una lesión cerebral ha sido llamado de dos maneras según la nosología psiquiátrica a la que atendamos:

  • La Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10), elaborada por la OMS, lo denomina “trastorno orgánico de personalidad”.
  • Y el Manual de Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), elaborado por la APA, lo llama “cambio de la personalidad debido a otra afección médica”.

Los lóbulos frontales son las estructuras cerebrales de más reciente desarrollo y evolución en el cerebro humano. Siguiendo a Alexander Luria (1902-1977), a ellos les debemos nuestra capacidad de planeación, coordinación, regulación y control de los procesos psicológicos; de manera que se considera el “centro ejecutivo del cerebro“. De forma resumida podemos decir que participan en las formas más complejas de la conducta humana. Es por ello que su daño puede conllevar graves alteraciones del comportamiento y, con ello, el cambio de nuestra personalidad.

Lóbulos cerebrales

Más concretamente, ¿cuáles son las alteraciones que pueden aparecer por daño en el lóbulo frontal?

  • En la planeación: ésta es una de las capacidades más importantes ya que nos posibilita alcanzar metas. Por ejemplo, el camino de casa al trabajo es algo que todos conocemos muy bien al realizarlo con mucha frecuencia, pero si un día nos encontramos con una calle cortada tenemos que planear otra ruta para llegar al trabajo. Algo que puede parecer sencillo, puede ser muy difícil para una persona con daño en el lóbulo frontal.
  • En el control de la conducta: también muy importante, tanto para la impulsividad como para la atención (concentración).
  • En la flexibilidad mental: con esto nos referimos a la capacidad de adaptación, es decir, la capacidad de cambiar nuestra conducta para que sea eficaz. Esto teniendo en cuenta la variedad de situaciones con las que nos podemos encontrar a lo largo de la vida.
  • En la memoria a corto plazo.
  • En la fluidez de nuestras capacidades cognitivas.
  • En la metacognición: con lo que nos referimos a la capacidad de controlar nuestros propios procesos cognitivos.
  • En la mentalización: con lo que nos referimos a la capacidad para saber qué puede estar pensando otra persona o cómo puede actuar. Es muy importante, sobre todo, para las relaciones interpersonales. También se le llama Teoría de la Mente y de ello hemos hablado en otras entradas.
  • En la conducta social.
  • Y en la cognición social: con lo que nos referimos a la capacidad de auto-conocimiento, lo que nos permite desempeñar un rol personal dentro de un contexto, como por ejemplo el familiar, que satisfaga nuestros intereses y necesidades.

Para Antonio R. Damásio (1944-), el comportamiento de los sujetos con este tipo de daño se asemeja al de las personas con Trastornos de la Personalidad Antisocial (TPA): inadaptación social, violación de las normas, desinhibición, impulsividad, conductas de riesgo, intolerancia a la frustración, etc.

Phineas Gage: el hombre con el cerebro atravesado

Phineas Gage (1823-1861) tenía 25 años y era capataz en la construcción de un ferrocarril en Vermont (Estados Unidos). El 13 de septiembre de 1848, Gage se encontraba trabajando en la colocación de unos rieles para lo que llenó con pólvora un agujero y lo taponó con una pesada barra de hierro. La desgracia vino cuando la pólvora explotó antes de tiempo y la barra salió despedida y acabó incrustada en la cara de Gage, justo por debajo del ojo izquierdo.

Trayectoria de la barra en el cerebro de Phineas Gage.
Trayectoria de la barra en el cerebro de Phineas Gage.

Según el resto de trabajadores, la barra de hierro de 7 kilos de peso cayó al suelo cubierta de sangre y tejido cerebral. Gage, que había caído de espaldas, estuvo inconsciente unos minutos y con temblores, lo que probablemente sería de origen epiléptico. Pero para sorpresa de todos, Gage poco después se levantó y empezó a hablar. Al llegar al pueblo saludó a algunas personas por su nombre y, con algo de ayuda, subió hasta su habitación en un segundo piso.

Retrato de Phineas Gage con la barra que le atravesó el cráneo.
Retrato de Phineas Gage con la barra que le atravesó el cráneo.

Los doctores Edward H. Williams (1824-1899) y John B. Harlow (1819-1907) fueron los encargados de atender a Phineas y verificaron que la barra había atravesado su cabeza. A pesar de seguir vivo, que no era poco dadas las circunstancias, las complicaciones no tardaron en aparecer: una fuerte hemorragia, días con fiebre y delirios debido a la infección de la herida y fragmentos óseos y de tejido cerebral que acababan en la boca del hombre. Finalmente, aunque había perdido la visión del ojo afectado por la trayectoria de la barra, Phineas consiguió recuperarse, al menos, físicamente.

Según relata el Dr. Harlow en sus notas, a los 32 días del accidente Gage comenzó a mostrar los primeros cambios en su conducta: se mostraba “caprichoso y pueril“. Más tarde, a los dos meses, Gage comenzó a salir solo a hacer compras “sin preocuparse por el precio de las cosas“. Pero no era lo único que describía el doctor:

Tiene frecuentes accesos de irritabilidad, es irreverente y manifiesta poca consideración con las personas que lo rodean, en ocasiones profiere toda suerte de obscenidades (cosa que no acostumbraba hacer anteriormente), es impaciente y obstinado, caprichoso pero vacilante, organiza múltiples planes para el futuro pero apenas termina de armar uno lo abandona para embarcarse en otra alternativa que le parece más factible. Un niño en su capacidad intelectual y en las manifestaciones de su conducta pero con las pasiones animales de un hombre fuerte. Su mente ha cambiado de manera tan radical que sus amigos y familiares coinciden en afirmar que Gage ya no es el mismo“.

Una manifestación de que “Gage ya no era el mismo” es que consiguió mantener durante muy poco tiempo su trabajo como capataz, al que se reincorporó meses después. Tras esto, tuvo algunos empleos fugaces hasta acabar en el Circo Barnum con el que viajó por los Estados Unidos como si de una atracción se tratase. Finalmente, murió en 1861, doce años y medio después del accidente, debido a los ataques epilépticos que sufría como consecuencia del mismo.

Su cráneo y la barra de hierro que lo atravesó se encuentran en el Mmuseo Warren de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.
Su cráneo y la barra de hierro que lo atravesó se encuentran en el Museo Warren de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

“Tan”: el hombre que sólo decía “tan-tan”

De los primeros años de vida del francés Louis Victor Leborgne o “Tan” (1809-1861) -un apodo debido a que sólo era capaz de decir “tan-tan”- no sabemos apenas nada. Sólo que sufría ataques epilépticos, lo que no le impedía trabajar.

A los 30 años ingresó en el hospital que trabajaba el neurólogo Paul Broca (1824-1880) y en el que pasó los 21 años restantes de su vida. El ingreso se debía a una dificultad progresiva para hablar, aunque su capacidad para entender el lenguaje era normal y se comunicaba bien a través de gestos. Los últimos años de su vida los pasó en cama, casi ciego y con pérdida de capacidad intelectual. Finalmente, falleció a los 51 años a causa de la infección de una escara.

Localización de la tercera circunvolución frontal izquierda, el "área de Broca".
Localización de la tercera circunvolución frontal izquierda, el “área de Broca”.

Cuando hicieron la autopsia al cuerpo de Tan, encontraron que tenía un tumor en el cerebro del tamaño de un huevo. Éste se encontraba concretamente en la tercera circunvolución frontal izquierda, área del cerebro que pasó a la historia como el “área de Broca” y que está relacionada con el lenguaje. El cerebro de Tan fue preservado intacto por Broca y disecado 25 años más tarde por el también neurólogo Pierre Marie (1853-1940).

El cerebro de Tan se conserva en el Museo del Hombre de París.
El cerebro de Tan se conserva en el Museo del Hombre de París.

*Quizás a los fans de Juego de Tronos el caso de “Tan” les recuerde al de Hodor. Podéis leer sobre ello en “Hodor, desde la perspectiva científica“.

Bibliografía

Flores Lázaro, J. C. & Ostrosky-Solís, F. (2008). Neuropsicología de lóbulos frontales, funciones ejecutivas y conducta humana. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 8 (1), 47-58.

García-Molina, A. (2008). Aproximación histórica a las alteraciones comportamentales por lesiones del córtex prefrontal: de Phineas Gage a Luria. Revista de Neurología, 46 (3), 175-181.

Rosselli, D. (2005). Phineas Gage, ‘Tan’ y la importancia de los casos clínicos. Revista de Neurología, 40 (2), 122-124.

Laura Sánchez

Graduada en Psicología y Máster en Psicología de la Intervención Social y Comunitaria en la Universidad de Sevilla, donde fue alumna interna en el Departamento de Psicología Experimental. Opositora al Cuerpo Superior de Técnicos de Instituciones Penitenciarias. | Contacto: laurasanchez@elbauldelapsique.com

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