El Chamán

El Chamán

Chamán peruano. | © AFP / END.

Expedición a la remota península ibérica: Día 163.

Esta mañana, los miembros de la tribu me han levantado aterrorizados por el comportamiento de uno de los integrantes del grupo;  al parecer, un joven había alborotado a una de las familias con intensos alaridos y amenazas sin motivo aparente; algunos pensaban que había sido poseído por los espíritus y otros comentaban que algún hongo o fruto venenoso podría haberle causado una cruel enfermedad. Por ello, y aún en medio de la agitación colectiva, lo llevamos en volandas al médico del poblado: para sorpresa de todos, el médico no sabía qué ocurría con aquel muchacho. Llamaron a otro médico y nos comentó con a que sus síntomas no encajaban con ninguna afectación que hubiera visto antes. Una mezcla de fascinación e intriga plagaban el ambiente de aquel lugar en medio de la desesperación de la familia.

Pasadas varias horas y ante el abatimiento de la parentela, uno de los ancianos se acercó tímidamente al padre del muchacho y le susurró al oído una posible alternativa; la última opción. La única esperanza que quedaba para traer consuelo y aliento a su hogar, sucumbido por la situación de su hijo: acudir al chamán.

Los jefes de la tribu me han comentado que al chamán sólo se recurre en casos tan excepcionales como este. Se dice que posee poderes telepáticos y es capaz de interpretar sueños. Nadie sabe explicarme realmente qué es lo que hace pero de alguna manera todos me dan a entender que el chamán mejora sustancialmente la vida de aquellos que acuden a él. Algunos tardan más en recuperarse y otros menos pero en la mayoría de los casos existe una notable mejoría. Y aún cuando el sujeto no logra incorporarse de forma plena a sus labores diarias tras el suceso, las familias suelen agradecer los consejos y avisos del chamán por facilitar su día a día. Aún con todo ello… el chamán sigue siendo un ser extraño para los demás. Los habitantes de la tribu a penas lo comprenden y aunque los médicos lo respetan, lo cierto es que algunos de ellos siguen sin fiarse de sus métodos, mofándose de sus estrategias.

Lo más curioso de todo, es que muchos de los miembros del clan no se han percatado de que el chamán, además de ser una especie de curandero para ellos, también se ve implicado en las labores de varios integrantes de la comunidad: colabora con los maestros para mejorar la enseñanza de sus pupilos, los vendedores piden sus consejos para ofrecer mejores productos y atraer a más clientes y su participación en actividades deportivas y lúdicas es esencial para los habitantes del poblado… como si el chamán fuera necesario pero no imprescindible.

Al caer la noche, cobijados por la llama de una fogata junto a un grupo de jóvenes, varios me comentan que a diferencia de los ancianos, ellos ya no le temen al chamán, le tienen respeto, que acuden a él sin llegar a extremos tan morbosos como los que me despertaron durante mi agitado amanecer y entre susurros, para que no lo escuchen los adultos… me confiesan que de forma cariñosa, algunos han comenzado a llamarle: el psicólogo.

Chamán en Los Andes. | © McKay.

A pesar de que la Psicología carezca de omnipotencia, su implicación en diferentes niveles y ámbitos de la comunidad, hablan sobre la relevancia que nuestra profesión ha ido tomando a lo largo de la historia. La lucha por mostrar la eficacia de los tratamientos y terapias psicológicas, así como los propios testimonios de los pacientes dentro de la institución sanitaria, han empezado a dar sus frutos, pero viendo el panorama internacional (sirva como ejemplo el prestigio del psicólogo en Alemania), sabemos que aún queda un trecho bastante largo y tedioso para salvar estereotipos y hacernos un hueco en el ámbito de la sanidad pública… porque aunque muchos no lo crean, el tener psicólogos en un hospital no debería ser un lujo (como lo fue un día en los colegios).

Pero tampoco se debe caer en el victimismo; justos pagan por pecadores y sabemos que la mala praxis también ha menoscabado la profesión del psicólogo. Por ello, este artículo no sólo pretende ahuyentar mitos, sino también motivar a los clínicos, terapeutas, orientadores, psicólogos deportivos y demás compañeros de gremio, para no cesar en difundir los beneficios de una buena práctica psicológica y espantar al chamán con una formación continua y consciente de la responsabilidad que supone colaborar con el bienestar personal de otras personas.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del segundo curso del Máster en Psicología General Sanitaria y personal técnico de investigación en el departamento de evaluación, personalidad y tratamiento psicológico de la Universidad de Sevilla. | Contacto: dansazher@gmail.com

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