La importancia del juego libre en la relación con los/as hijos/as

El juego libre

Los/as niños/as de las sociedades desarrolladas dedican gran parte de sus energías diarias a la escuela y a las actividades extraescolares, destinando muy poco tiempo al juego libre, ese que surge con espontaneidad y sin que esté dirigido por ningún adulto. Dependiendo de la etapa del desarrollo en la que se encuentren, el juego tendrá más o menos prioridad entre los intereses de los/as menores.

Una de las razones a mencionar a favor del juego infantil es que, a falta de palabras para explicar las sensaciones y para encontrar respuestas a experiencias que les suceden en sus vidas –sin recursos personales ni madurez aún para hablar con claridad con los padres y madres sobre las circunstancias que les hacen sufrir–, los/as niños/as utilizan espontáneamente el juego como forma de representar estas situaciones desbordantes y como escenario en el que ensayar modos de resolverlas.

Por otra parte, a los padres y madres se les deja poco tiempo para la relación directa con sus hijos/as, ya que la sociedad actual les exige un rendimiento eficiente en el trabajo, en las tareas domésticas e incluso en las actividades de tiempo libre. Podríamos afirmar que el estilo de vida actual no facilita las condiciones mínimas para que los padres puedan proporcionar a sus hijos/as unos cuidados directos de calidad. Ejercer la educación sobre los/as hijos/as se torna un asunto difícil cuando apenas hay tiempo para construir un vínculo satisfactorio que nos permita la transmisión de valores, ideas, costumbres, normas, etc.

Juego

Precisamente por esto, el juego infantil merece ser tomado en serio, y que madres y padres incorporen en su apretada agenda la tarea de jugar con sus hijos/as en casa, pues el juego es un campo abonado para el desarrollo de la fantasía, de la imaginación y de la creatividad; un medio idóneo para el intercambio afectivo entre padres e hijos/as; un espacio relajado para que surja la comunicación en el seno de la familia; en definitiva, una oportunidad diaria para que se afiancen estos vínculos familiares.

Además, cuando un/a niño/a advierte que sus padres se detienen a jugar un rato con él/ella, se siente más valorado/a como persona, percibe de alguna manera que los adultos le están dando un lugar destacado por delante de sus obligaciones, y eso repercute favorablemente en su autoestima.

A partir de ahí, la experiencia repetida del juego compartido hace a los/as niños/as ganar confianza no sólo en sí mismos/as, sino también en los padres. Este clima de confianza y de seguridad proporcionado contribuirá a que vean a sus progenitores como figuras protectoras, que los tomen como referentes a los que identificarse y que respeten su autoridad con más facilidad que cuando faltan estos espacios distendidos y ellos no se sienten suficientemente considerados en el mundo de los adultos.

 


Amigos de la Psique: Daniel González

Daniel González es psicólogo especialista en Psicología clínica y Europsy especialista en psicoterapia. Actualmente compagina el trabajo en el Servicio Andaluz de Salud con su consulta privada de Psicología en Sevilla. Más información en su web: https://danielgonzalez.com.es.

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