El Síndrome Postvacacional

Síndrome postvacacional / © Prakasit John Khuansuwan

¡Ya es septiembre, lectores! ¿Y eso qué quiere decir? Pues que ya es época de los fascículos coleccionables, de los anuncios de “La vuelta al cole”, del calor del membrillo, pero sobre todo, es el mes del famoso ¡síndrome postvacacional! Sin embargo, a pesar de su fama, de que año tras año los medios de comunicación nos taladren recordándonos lo duro que es volver a trabajar, esta humilde servidora se pregunta: ¿Sabemos realmente qué es el síndrome postvacacional? ¿Es o no es un trastorno psicológico real que deba preocuparnos?

Síndrome postvacacional. | © P8ladas.
© P8ladas.

¿Qué es exactamente el Síndrome Postvacacional?

También conocido como Estrés o Depresión Postvacacional (aunque se suele preferir la terminología “síndrome” porque no se trata de una enfermedad per se, sino de un conjunto de síntomas comunes), se trata de un estado de malestar general que tiene lugar debido a un fracaso en el proceso de adaptación entre el periodo vacacional con la reanudación del periodo laboral. Dicho en otras palabras, es el impacto que nos produce pasar, de golpe y porrazo, de levantarnos de las 3 de la tarde a las 6 de la mañana; del dulce sonido del romper de las olas a los bulliciosos atascos para ir a trabajar o a clase; de los agradables rayos de sol rozando nuestra piel a los impersonales rayos de la pantalla del ordenador quemándonos las retinas.

Este síndrome cursa con síntomas tanto psicológicos como físicos, como pueden ser irritabilidad, tristeza, dolores musculares, insomnio, fatiga, falta de concentración o apatía.

¿Hay vida después de las vacaciones? | © Erlich.
© Erlich.

¿Es grave, doctor?

Pero no nos pongamos dramáticos. Este famoso síndrome no es tan grave como nos lo pintan. Se trata de un malestar temporal, fácilmente previsible, prevenible y evitable, y que ni siquiera es considerado como una patología en el ámbito sanitario ni conlleva ningún tipo de tratamiento específico.

Como ya expliqué en una entrega previa, los ritmos biológicos rigen en gran medida nuestra actividad diaria, por lo que una alteración de los mismos provocará a su vez alteraciones tanto físicas como psicológicas en nuestro organismo. Como bien decía Dickens, “el ser humano es un animal de costumbres”, y como ocurre con cualquier otro cambio en nuestras vidas, la vuelta a la rutina requiere un proceso de adaptación, el cual puede resultar más o menos fácil o difícil, según nuestra capacidad para gestionarlo y los recursos que utilicemos para ello.

Cómo facilitar el proceso de adaptación

Llegados a este punto, creo que las estrategias que me dispongo a exponer a continuación son, como se suele decir, una gran perogrullada, y estoy segura de que más de uno las ha puesto en práctica en alguna ocasión.

En definitiva, ya que todos hemos oído hablar del síndrome postvacacional (por lo menos una vez al año), lo mejor que podemos hacer para evitarlo es:

  • Mantener cierta rutina estival: Evidentemente, no digo que os levantéis a las 6 de la mañana un bonito 15 de agosto, pero sí es aconsejable mantener unos horarios más o menos estables que se asemejen todo lo que nos sea posible a los horarios de invierno. Pero si esta estrategia no os convence u os resulta imposible, atended a la segunda que os propongo.
  • Volver a la rutina progresivamente: No es lo mismo llegar de las vacaciones la noche antes del primer día de trabajo que volver a casa dos o tres días antes de ese primer madrugón. Es importante retomar la actividad de manera paulatina, reacostumbrándonos a los ritmos de sueño y vigilia habituales.
  • Organizar nuestro tiempo y espacio: Durante esos dos o tres días de adaptación, es recomendable establecer un plan, organizar nuestro espacio de trabajo y nuestra agenda con un orden de prioridades, de manera que se estructuren las tareas pendientes y se evite la sensación de saturación.
  • Conservar algunos ratos de ocio ¡también en invierno!: Y es que, aunque en enero no podamos tomar el sol en la terraza, una buena manera de evitar la brusquedad del cambio entre vacaciones y trabajo es realizar actividades de ocio con las que disfrutemos.
  • Evitar que nuestra única motivación personal sean las vacaciones: No debemos obsesionarnos con las vacaciones, deseándolas durante una mitad del año y lamentando que se hayan acabado la otra mitad. Hay muchísimos más momentos de nuestra vida para disfrutarlos y debemos ser capaces de encontrar motivaciones más profundas.

 

Referencias

Bajatierra, L. (2006). Síndrome postvacacional: El reencuentro con la realidad. Cambio 16, 1815, 44-45.
Durán Juvé, D. (2009). Psicotrastornos laborales: Un antes y un después. En XVII Congreso Espírita Nacional de la Federación Espírita Española, 6-8 de diciembre de 2009. Alicante, Valencia: Federación Espírita Española.
Flórez Lozano, J. A. (2000). Síndrome postvacacional. Medicina integral, 36, 121-124.
Llagostera Yoldi, C. (2004). Superar la vuelta al trabajo. Integral, 297, 64-66.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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