Esos grandes artistas bajitos

Esos grandes artistas bajitos: El desarrollo del dibujo

Seguramente alguna vez le hayáis pedido a un niño que os hiciera un dibujo, o quizás lo habéis encontrado ya dibujando e inocentemente le habéis dicho: “¡Qué bonito! ¿Qué es?” Entonces ese niño, tan concentrado en su arte, os ha mirado a los ojos y, tras unos segundos en silencio, se ha encogido de hombros y ha vuelto a su tarea sin mucha más explicación.

Viñeta de Mafalda | © Quino.

¿Por qué tanto misterio? ¿Qué les cuesta decirnos qué dibujan, a nosotros, los adultos que todo debemos entender y saber?

Para ilustrar este texto, he decidido utilizar mis propios dibujos de mi tierna infancia. Espero que los disfrutéis.

La grafomotricidad

La grafomotricidad se refiere a la capacidad para realizar ciertos movimientos con la mano al escribir o dibujar. Esta capacidad está dentro del desarrollo psicomotor fino, es decir, de la capacidad de controlar movimientos de manos y brazos.

El dominio progresivo de la grafomotricidad está influenciado por factores tanto madurativos como sociales. Por un lado, a lo largo de nuestra infancia vamos desarrollando y perfeccionando ciertas habilidades como el control postural, la coordinación óculo-manual y la psicomotricidad fina antes mencionada, lo que nos permitirá coger un lápiz, llevarlo al papel y moverlo. Por otro lado, nuestro entorno social moldea y modela estas destrezas adquiridas; vemos a nuestros hermanos o primos mayores dibujar y escribir, mamá o papá nos da un papel, nuestros compañeros de preescolar nos prestan sus ceras, la abuela nos dice que es un dibujo muy bonito, y un largo etcétera. De esta forma, los niños van poco a poco adquiriendo numerosas destrezas especializadas, claramente culturales, y con alto valor instrumental por su carácter representacional.

La evolución del dibujo

¿Cómo se secuencia este aprendizaje a lo largo de la infancia? Cabe señalar que no se pueden establecer edades concretas e iguales para todos los niños del mundo; la grafomotricidad, como cualquier otro aspecto del desarrollo, puede desarrollarse más tarde o más temprano dependiendo de cada niño, sus características y su entorno. No obstante, sí pueden señalarse algunas edades medias.

A partir del año y medio de edad (18 meses), los niños suelen descubrir una relación causa-efecto: cuando mueven sus brazos y sus manos, utilizando ciertas herramientas como lápices o bolígrafos, son capaces de trazar “huellas” en una superficie. Estas “huellas” suelen ser, al principio, líneas rectas, ya que la articulación del movimiento se hace desde el hombro. Más tarde, a medida que va avanzando el desarrollo próximo-distal, la articulación pasa al codo, por lo que las “huellas” se convierten en trazos “en barrido”, líneas rectas en zigzag, hacia uno y otro lado. Finalmente, un poco antes de los 2 años, comienzan a controlar la articulación de la muñeca, y aparecen las primeras formas circulares. Como se puede observar, a estas edades, aún se trata de actos puramente motores, sin planificación y sin intención representativa.
Ejemplo de dibujo a los 2 años de edad, aproximadamente.

Hacia los 2 años y medio, este progreso tan motor comienza a entrelazarse con el desarrollo psicosocial: esas líneas rectas y circulares sin intencionalidad representativa empiezan a relacionarse con objetos y personas, convirtiéndose en los “garabatos”. Aún así, sigue sin haber una planificación previa de lo que se va a dibujar, y la interpretación suele darse una vez terminado el dibujo y, sobre todo, cuando los adultos muestran interés por  el mismo. En este sentido, en esta etapa, los dibujos pueden pasar de ser una cosa a otra en cuestión de minutos, ya que su significado varía en función del niño y de la interpretación que le den los adultos del entorno.

Volviendo al ejemplo del principio, quizá ese niño al que habéis preguntado por su dibujo y que no os ha dado respuesta alguna, no tenga ninguna intención de representar nada en concreto. O quizá es que, simplemente, a ese pequeño artista le caéis mal, pero seguro que si le dais una sugerencia sobre lo que puede ser su dibujo, lo inspiréis.

Ejemplo de dibujo a partir de los 2 años y medio.

Entre los 3 y 4 años aproximadamente, se darán tres avances principales en el desarrollo grafomotriz: el control óculo-manual, el control de la articulación de la muñeca y un mayor control del movimiento de los dedos. Asimismo, progresa la coordinación de movimientos, por lo que se mejora así la orientación, el tamaño, la amplitud y la curvatura de las figuras representadas.

Todo esto tiene como resultado, por lo tanto, unos trazos más definidos; los niños comienzan a controlar el punto de partida y de llegada de cada trazo, los combinan para reproducir figuras concretas (un círculo + unas cuantas líneas = ¡un sol!). Asimismo, los niños empiezan a tomar conciencia de que están dibujando y es ahora cuando se adquiere la intención representativa, pasando de los garabatos a los “dibujos” propiamente dichos. Aparecen, también, las primeras representaciones humanas, que aún consisten únicamente en un círculo del que salen rayas, pero este círculo tiene ojos, nariz y boca, y estas rayas son brazos y piernas.

Ejemplo de dibujo, entre 3 y 4 años de edad.

Es en las figuras humanas donde se evidencian de manera más clara los avances grafomotrices, ya que poco a poco se van añadiendo cada vez más detalles al cuerpo de la persona dibujada y se van diferenciando las distintas partes que componen ese cuerpo. En este periodo es habitual que, en sus dibujos, los niños representen escenas con lo que saben de ellas (Luquet llamaba a este fenómeno el “realismo intelectual”), con información “invisible” en una fotografía. Por ejemplo, a la hora de dibujar a una mujer embarazada (habitual cuando se está esperando “la llegada del nuevo hermanito”), se representaría un bebé dentro de la barriga de la futura mamá. Esto no quiere decir que los niños vean la realidad de esta manera, sino que, simple y llanamente, anteponen su expresividad a una representación totalmente realista.

Entre los 5 y 8 años, los dibujos empiezan a ser más realistas y complejos, presentan más detalles y se coordinan y relacionan distintos componentes hasta formar una imagen global. En la figura humana, aparecerán cejas, orejas, prendas de ropa específicas y otros muchos detalles. Finalmente, los dibujos estarán en contextos concretos, representando acciones y/o interacciones, y cada vez con más detalles y mejor técnica.

Ejemplos de dibujos, entre 5 y 8 años de edad.

La importancia del dibujo

A lo largo de todo este desarrollo, los dibujos contienen una información muy rica tanto del conocimiento, los sentimientos y emociones de los niños hacia lo que dibujan, como de la interpretación y selección de determinados aspectos dibujados y, también, sobre sus capacidades para representar su visión propia. Son, en definitiva, una expresión de su inteligencia, su interpretación del mundo y una proyección de sus emociones y estados de ánimo.

Es por esto que el dibujo supone un recurso muy útil para valorar el desarrollo intelectual y evolutivo y su estado emocional y cabe resaltar, también, la importancia educativa del dibujo, ya que supone una manifestación clara de las capacidades creativas de los niños, por lo que debe aprovecharse y fomentar desde las edades más tempranas.

En el plano más clínico, los dibujos infantiles pueden ser utilizados para el diagnóstico de trastornos o dificultades en la infancia, así como para fines terapéuticos. En cuanto a esto último, hay que ser muy cauteloso y no utilizar los dibujos como única medida de un posible trastorno, así como debe contextualizarse y contrastarse con otras informaciones. Algunos de mis amigos me han preguntado alguna vez que si yo podía, siendo psicóloga, interpretar algunos de los dibujos que habían hecho cuando eran pequeños. Yo misma, alguna vez, me he preguntado qué quería decir con mis dibujos, por ejemplo, cuando me dio por resaltar los codos cada vez que dibujaba a una persona. Desafortunadamente, han pasado muchos años y ya no podemos preguntarle a ese niño o niña de 4 años qué quería decir con esas líneas tan coloridas, por lo que, queridos amigos, no puedo daros un diagnóstico seguro.

Referencias

Palacios, J., Cubero, R., Luque, A. y Mora, J. (2004). Desarrollo físico y psicomotor después de los 2 años. En J. Palacios, Á. Marchesi y C. Coll (Comp.), Desarrollo Psicológico y Educación (Vol. 1): Psicología Evolutiva (pp.179-200). Madrid: Alianza Editorial.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

Una respuesta a “Esos grandes artistas bajitos”

  1. Me ha gustado muchísimo esta entrada 🙂 Seguid así!

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