Hipnosis: más allá del espectáculo

Hipnosis: más allá del espectáculo

Sobre el escenario aparece un hombre con mirada penetrante y andares sigilosos. Su voz de ultratumba cautiva a la audiencia y comienza el espectáculo. De repente, tras un sinfín de ademanes excéntricos y algún que otro chiste fácil, el voluntario que había salido previamente animado por sus amigos yace masticando un trozo de cebolla o haciendo un baile ridículo. La carcajada de la multitud es ensordecedora, alguien graba la escena desde su móvil y ¡listo! La hipnosis se ha hecho viral. Pero, ¿qué acabamos de presenciar?

En la psique colectiva, la hipnosis sigue suscitando morbo y escepticismo gracias al “show” que se ha creado en torno a este… ¿truco? ¿fenómeno paranormal? ¿estafa? A continuación, emprenderemos un camino que nos llevará a comprender la hipnosis a través de la historia y sus exponentes más relevantes, derribando mitos y ayudándonos a entender mejor el papel de la hipnosis en la práctica clínica.

El fracaso del magnetismo animal

Con más o menos compresión y sofisticación del procedimiento, el fenómeno hipnótico ha estado siempre presente en la historia del hombre. Ya en la antigua Grecia y en otras civilizaciones avanzadas como la egipcia, los “templos de sueño” daban cuenta del gran manejo del hipnotismo que poseían estos pueblos bajo conceptos y procedimientos más rudimentarios y relacionados con el misticismo y la espiritualidad (Hambleton, 2002). Durante la Edad Media, aunque se siguen creando teorías y nuevos métodos de hipnotismo, todo lo relacionado con la hipnosis queda condenado bajo la acusación de brujería por parte de la Inquisición.

No sería hasta finales del siglo XVIII cuando comenzaríamos a indagar en la hipnosis de un modo más sistemático gracias a las excentricidades de una de las figuras más aclamadas y odiadas de la época: el médico vienés Friedrich Anton Mesmer (1734-1815). Viendo al sacerdote Maximillian Hell utilizando imanes con fines terapéuticos, Mesmer queda cautivado y decide investigar más sobre este método tan poco habitual, llegando a publicar en 1779 “Memoria sobre el descubrimiento del magnetismo animal”, obra en la que defiende la hipótesis de que cada organismo posee un fluido magnético que puede ser transmitido a los demás y cuya regulación y tratamiento ayudan a curar trastornos y enfermedades de diversa índole. La sociedad médica de Viena queda indignada por sus afirmaciones y comienza una persecución que obliga a Mesmer a trasladarse a París, donde curiosamente es bien recibido en un principio, gozando de cierta fama entre las clases más acomodadas. Los resultados del mesmerismo impresionan al mismísimo Luis XVI y en 1784, para desgracia del médico vienés, el monarca encarga una comisión encabezada por Benjamin Franklin (1706-1790) para que se investigue sobre el magnetismo animal. El proyecto concluye afirmando que las curaciones que llevan a cabo Mesmer y sus colaboradores son sólo el producto de “la imaginación de sus pacientes”, provocando que el prestigio del mesmerismo y sus estudios fuese gravemente socavado… Mesmer volvería al Imperio Alemán, muriendo casi en el olvido.

A pesar de que el mesmerismo y sus instrumentos estrafalarios terminaron siendo simplemente un espectáculo de circo, muchos quedaron fascinados por el potencial que las creencias e imaginación podían tener sobre la conducta y los síntomas. En 1756, Custodio de Faria (1746-1819) rechaza el magnetismo animal pero comienza a desarrollar la “técnica de la inducción del sueño lúcido”, descubriendo que uno de los componentes principales del proceso hipnótico es el elemento verbal, acercándonos a la práctica de la hipnosis como la entendemos hoy en día. Asimismo, a mediados del siglo XIX, John Elliotson (1791-1859) y Esdaile (1808-1859) desarrollan de forma sistemática la hipnosis para aliviar el dolor, logrando grandes resultados al realizar prácticas quirúrgicas y amputaciones sin que sus pacientes se quejasen de dolor alguno gracias al “sueño magnético”.

Protagonizado por Alan Rickman, “Mesmer” (1994) es una película que a pesar de sus claras carencias, puede ser una manera interesante de conocer los métodos del médico vienés así como el contexto en el que tuvo lugar su breve éxito.

Los escépticos

Cuando parecía que los “predicadores” del magnetismo animal habían desaparecido, el prestigioso cirujano James Braid (1795-1860) se topa con la “actuación” del suizo Lafontaine, quien en 1841 llegaba a Manchester para presentar sus experiencias de magnetismo. En un intento por dejar en evidencia a Lafontaine, el médico escocés comienza investigar los procedimientos del magnetismo animal y acaba descubriendo que detrás de la teatralidad de sus charlatanes y sus hipótesis absurdas, hay un fenómeno real cuyas causas se relacionan con factores psicológicos. En 1843, Braid (1795-1860) acuña por primera vez los términos “hipnotismo” e “hipnosis” en su libro “Neurohipnología o lo racional del sueño nervioso”, convirtiendo al escéptico cirujano en uno de los autores más famosos de la historia de la hipnosis. En esta estudio Braid describe con minuciosidad los métodos que pueden inducir un estado de hipnosis, presentándonos el procedimiento hipnótico más conocido: “la fijación visual en un pequeño objeto brillante colgado delante de los ojos del paciente y a 15 o 30 centímetros de distancia“.

Tras los estudios de Braid, las investigaciones empíricas en torno a la hipnosis se popularizan a pesar de la condena de ciertos sectores de las instituciones oficiales y otros escépticos como Bernheim (1837-1919) terminan por fundar la Escuela de Nancy que da lugar en 1889 al I Congreso Internacional de Hipnotismo Experimental y Terapéutico. A su vez, la Escuela de Salpêtrière liderada por Charcot (1825-1893), desarrolla los estudios sobre hipnosis basados en los estudios de Josef Breuer (1842-1925), quien demuestra que el hipnotismo puede ser eficaz en casos de histeria. Tras la aparición del conductismo, las investigaciones en torno a la hipnosis fueron quedando en el olvido, aunque existen grandes excepciones, como las aportaciones de Clark Hull (1884-1952), quien en 1933 escribiría “Hypnosis & Suggestibility”, dejándonos las bases fundamentales de una hipnoterapia seria y científica. Hull, ávido de prestigio y popularidad, abandonó los estudios de hipnosis para unirse a la corriente conductista de la época, realizando investigaciones con gran repercusión… Sin embargo, uno de sus alumnos jamás olvidaría sus demostraciones hipnóticas (Leahey, 2005).

Ese alumno era Milton H. Erickson (1901-1980), psicólogo norteamericano que cambiaría la manera de concebir la hipnosis dentro de la psicología clínica, gracias a una orientación naturalista donde la hipnosis se puede dar en medio de una conversación personal. La hipnosis ericksoniana propone al terapeuta una actitud de interés y flexibilidad que no trata de ahondar en asuntos “ocultos del pasado”, sino que se sitúa en el “aquí y el ahora” a través de técnicas y sugestiones que permiten al paciente aportar recursos que solucionen su problema o le ayuden a verlo desde una perspectiva más adaptativa.

Milton H. Erickson (1901-1980)

Hipnosis en consulta: mitos

Pero, ¿qué es realmente la hipnosis? Spiegel y Spiegel (2004) definen la hipnosis a partir de tres conceptos fundamentales: a) la focalización de la atención, b) la disociación y c) la sugestionabilidad. Si esta definición no nos convence, podemos añadir aquella que describe Nieto (2009) basado en el enfoque de la Sociedad Británica de Psicología (SBP): “el término hipnosis denota una interacción […] en la que un sujeto emplea comunicaciones verbales (sugestiones) que implican en el segundo respuestas caracterizadas por una cualidad de involuntariedad o de carencia de esfuerzo“. ¿Y qué son las “sugestiones”? Las sugestiones “son comunicaciones verbales capaces de estimular respuestas motrices o sensoriales en quien las escucha“.

Una vez definidos los conceptos más básicos, puede que la mejor manera de explicar los procedimientos hipnóticos en la práctica clínica sea “destapando” algunos de los mitos más comunes en torno a la hipnoterapia (Pérez, Cuadros, Nieto, 2012):

  • La hipnosis equivale a estar inconsciente: puede que este sea el mito más habitual de todos. Se suele creer que la persona está “dormida” y que no es consciente de los mensajes o las acciones que se llevan acabo durante la terapia. Sin embargo, hay que recordar que sin consciencia, no puede existir comunicación y este último es uno de los elementos más importantes en el proceso. A diferencia de lo que muchos creen, a veces durante la hipnosis se es más consciente de los estímulos ambientales, aunque desde un distanciamiento emocional muy similar al que se consigue a través del mindfulness.
  • En la hipnosis se doblega la voluntad del sujeto: este mito es el que crea más suspicacia en aquellos que son reticentes a recibir hipnoterapia. ¿Puede haber más aterrador que alguien “controlando nuestra mente”? La hipnosis de espectáculo y la ciencia ficción han contribuido a fomentar esta imagen. Sin embargo, está demostrado que nadie pierde la voluntad a través de un proceso de hipnotismo y que en cualquier momento, el paciente podría negarse o interrumpir el trance. Aunque la percepción o sensación de automatización ayudan a concebir los cambios como “involuntarios”, lo cierto es que la hipnosis sólo influye en la experiencia y jamás en los deseos o voluntad de los pacientes.
  • Todos los recuerdos que aparecen en la hipnosis son reales: aún cuando las memorias son vívidas, es frecuente la fabulación y la creación de falsos recuerdos. Simplemente se analiza el material recordado para ver hasta qué punto puede ayudar al paciente con su problema pero no para buscar asesinos en serie o trasladarse a la Edad Media.
  • La hipnosis es peligrosa: aún cuando el psicólogo debe ser siempre cauto a la hora de aplicar la hipnosis teniendo en cuenta las características del paciente (en personas con trastorno psicótico, la hipnosis puede precipitar un brote psicótico, delirios o alucinaciones), lo cierto es que el “riesgo” más grave al que se podría enfrentar un usuario es la somnolencia post-hipnosis que experimentan algunos pacientes. Por ello, siempre se recomienda no conducir después de las sesiones hasta transcurridos unos veinte minutos.

Cada vez existen más asociaciones que tratan de prohibir los espectáculos hipnóticos recordando que este tipo de eventos no hacen más que acrecentar el escepticismo de aquellos que podrían verse beneficiados por este tipo de terapia. Si estás interesado en recibir esta clase de tratamiento, busca asesoramiento y recuerda que la hipnoterapia siempre debe ser dirigida por un psicólogo colegiado y especialista en este tratamiento.

Referencias bibliográficas más relevantes

Gil Roales-Nieto, J. (2001). Hipnosis: Fuentes históricas, marco conceptual y aplicaciones en Psicología Clínica. Madrid: Biblioteca Nueva.

Hambleton, R. (2008). Hipnosis segura: una guía para el control de riesgos (Jasone Aldekoa, trad.). Bilbao: Desclée de Brouwer.

Hudson O´Hanlon, W. (2010). Raíces profundas: principios básicos de la terapia y de la hipnosis de Milton Erickson (Jorge Piatigorsky, trad.). (8ª ed.). Barcelona: Paidós.

Pérez Hidalgo, I., Cuadros, J. y Nieto, C. (2012). Hipnosis en la Práctica Clínica: volumen I técnicas generales. Madrid: EOS.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Sevilla, especializándose en Psicología Clínica. | Contacto: dansazher@gmail.com

One Reply to “Hipnosis: más allá del espectáculo”

  1. Muy instructivo e interesante el modo en que lo abordas, muchas gracias.
    Me pregunto si hay trastornos específicos para los que se haya demostrado una mayor eficacia que con otro tipo de terapia, y si se habla de terapia hipnótica, o más bien de hiposis como herramienta auxiliar a cualquier tratamiento.

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