Hitler, el gran psicólogo

Hitler, el gran psicólogo

A simple vista parecería un congreso como cualquier otro. Estudiantes compartiendo expectativas y catedráticos intercambiando saludos. Sin embargo, para muchos la tensión es insoportable. William Stern, distinguido discípulo de Ebbinghaus e inventor del cociente intelectual  se ha caído del cartel de ponentes. Se rumorea que dicha ausencia se debe a su origen étnico. Al igual que Stern, David Kantz y Karl Bühler también han sido sustituidos por un grupo de hombres que preside el decimotercer congreso bienal de la Sociedad Alemana de Psicología con camisas de color pardo. No sólo han cambiado los expositores. El lugar, la fecha (en un principio se celebraría en Dresden durante el mes de abril) y la temática del congreso también han sido modificadas: en lugar de debatir en torno a la Psicología del inconsciente, se conversa sobre “pureza racial” y “tipología aria”. Todo ello, precedido por el discurso de bienvenida del ministro de educación nacionalsocialista de la región de Sajonia, quien asegura que el evento tiene todo el respaldo del “gran psicólogo Adolf Hitler“. Es el 16 de octubre de 1933, el partido Nacional Socialista (NSDAP) ha instaurado el Tercer Reich hace diez meses y el declive de la Psicología en Alemania acaba de comenzar.

Como recuerda George Mandler en A History of Modern Experimental Psychology: from James and Wundt to Cognitive Science (MIT Press, 2007), la historia de la Psicología nunca debería desprenderse de este capítulo tan aciago. Por una parte, nos permite comprender por qué el epicentro de la Psicología experimental emigró de Alemania a América y por otra, nos advierte de la tendencia del profesional a ajustarse al statu quo cuando se sustituyen la profesionalidad y el pensamiento crítico por el oportunismo y el estereotipo.

Acto de propaganda nazi en Leipzig el 11 de noviembre de 1933. En la mesa destaca el filósofo Martin Heidegger (marcado con una cruz) junto a Eugen Fischer y Ferdinand Sauerbruch, médicos y rectores de renombre. Las universidades fueron un objetivo clave para la difusión de la ideología nacionalsocialista. Todas las áreas de conocimiento se vieron afectadas.

En 1930, la República de Weimar contaba con 30 psicólogos en organizaciones públicas. Diez años después, en la época más próspera del Tercer Reich, Alemania tenía en nómina a más de 450 psicólogos sólo en el ámbito militar. ¿Por qué tanto interés por la Psicología? Para Hitler y sus dirigentes al frente del ejército, estaba claro que para expandir el Reich, no bastaba con una maquinaria potente, sino que también serían necesarios combatientes psicológicamente estables, dirigidos por líderes inteligentes y llenos de carisma. El interés por la Psicología del Wehrmacht permitió desarrollar pruebas exhaustivas de selección que ayudaron posteriormente a la creación de los tests psicológicos tal y como los conocemos hoy.

Para los sanitarios inscritos al NSDAP sólo se trataría de un mal menor, un tratamiento con enfoque Vorsorge (medicina preventiva).

Además de la efectividad que aportaba al ejército alemán, la simpatía del NSDAP con la Psicología tenía motivos mucho más macabros: la eugenesia. A diferencia del psicoanálisis, al que consideraban una “perversión judía” por sus raíces freudianas, los nazis hallaron en la Gestalt y los movimientos holísticos, un vocabulario afín a sus intereses: el pueblo alemán, el Volk, era un todo cuya pureza y estabilidad debían ser preservadas a toda costa. Por ello, la distorsión de términos gestálticos con la influencia de la ideología nacionalsocialista, así como el acercamiento pseudocientífico a la teoría de Darwin, llevó a muchos psicólogos y psiquiatras a justificar una selección natural controlada: la esterilización o exterminación de todos aquellos sujetos que se considerasen no aptos para el desarrollo del Tercer Reich y atentasen contra el todo. Para los sanitarios inscritos al NSDAP sólo se trataría de un mal menor, un tratamiento con enfoque Vorsorge (medicina preventiva).

De esta manera, psiquiatras que habían comenzado a considerar una visión más inclusiva del enfermo mental en la sociedad, como Carl Schneider, acabaron esterilizando a más de 50.000 pacientes en sólo un año. Pero no era suficiente… Alfred Hoche, gran propulsor de la eugenesia durante la Alemania Nazi, afirmó: “es imposible dudar de que hay personas cuya muerte les sería un alivio y que al mismo tiempo, dicha muerte también libraría a la sociedad y al estado de llevar una carga que no posee propósito alguno“. Entre 1939 y 1945, con ayuda de las eficientes cámaras de gas creadas por Karl Brandt (médico personal de Hitler), se asesinaron a 180.000 pacientes psiquiátricos.

En 1935 se interesó por uno de los temas que más preocupaba a los nazis: la homosexualidad.

Un buen ejemplo de este dramático giro en las profesiones sanitarias a favor de la ideología del NDSAP (consciente o inconscientemente), es la vida y carrera de Johannes Heinrich Schultz, el creador del Entrenamiento Autógeno (1932). Aún sin ser miembro del NDSAP, tras la publicación de su libro y la popularización de su terapia, Schultz se convirtió en un psicólogo de renombre. Esto provocó que estuviese más presionado y expuesto a la influencia de la ideología nazi y aunque continuó con sus estudios en torno al entrenamiento autógeno, en 1935 se interesó por uno de los temas que más preocupaba a los nazis: la homosexualidad.

A diferencia de los judíos o los negros, más que desprecio u odio, la sociedad nacionalsocialista tenía verdadero pavor a la persona homosexual. A partir de 1934 (antes de esta fecha, incluso personas cercanas al círculo de Hitler, como Ernst Röhm, eran abiertamente homosexuales) los nazis comenzaron a considerar a los homosexuales como una amenaza, personas que no perpetuaban la existencia de la especie (algo de vital importancia para el pueblo ario), débiles en el campo de batalla y además, portadores de una “enfermedad contagiosa” que provocaba la seducción entre hombres a la que, según Heinrich Himmler (jefe de la SS), “incluso los nazis pueden sucumbir“. A medida que se acercaba más a la ideología nacionalsocialista, Schultz fue elaborando estudios cada vez más cruentos con la población homosexual. El neurólogo alemán llegó a forzar relaciones sexuales con una prostituta, a modo de tratamiento: si el sujeto se “curaba”, se le permitía salir del campo de concentración; si no, debía volver a este. De los 510 hombres que recibieron “tratamiento” en el Instituto Göring, se certificó que 341 fueron “curados”.

Propaganda del proyecto de eutanasia y eugenesis Aktion T4: “Esta persona que sufre de malformación congénita, le cuesta a la comunidad 60.000 marcos a lo largo de toda su vida. Compatriota alemán, ese también es tu dinero.”

El profesor de Oxford, C.S. Lewis, afirmaba que el hombre moderno, al echar la vista atrás en la historia de la humanidad, tiende a sucumbir  al “esnobismo cronológico“: la idea de que todo pensamiento, arte, ciencia o cultura del pasado es intrínsecamente inferior a la que se presenta en la actualidad, sólo por una cuestión temporal. Es relativamente fácil leer las atrocidades de los nazis, indignarse y pensar que este tipo de eventos jamás volverá a tener lugar: “lo hemos superado“. Sin embargo, como bien recuerda Nicholas Vine en su artículo Psychology under the Third Reich, aparte de la influencia de la ideología del NSDAP, no debemos pasar por alto que la Psiquiatría de entonces se sustentaba de manera sustancial en la ideología moderna, haciendo aún más fácil la objetivización de los pacientes y su consecuente esterilización o ejecución.

Ser conscientes de esta realidad y de cuán vulnerables somos a ser influenciados por el espíritu de la época, es de vital importancia.

Nadie puede escapar de su época. Los psicólogos y médicos del Tercer Reich no eran monstruos; creían que estaban haciendo lo más oportuno y correcto para el momento vital en el que se encontraban. Ser conscientes de esta realidad y de cuán vulnerables somos a ser influenciados por el espíritu de la época, es de vital importancia para el profesional que trabaja en el ámbito de la salud mental. Esta puesta en duda de lo establecido y la conciencia de que uno mismo no puede leer los tiempos, pueden determinar la exigencia metodológica en una investigación, la actitud ante un paciente, la calidad de un análisis psicométrico que no cuadre con una hipótesis propuesta o la posición ética ante la posibilidad de llevar a cabo un estudio oportunista que infle nuestras cuentas corrientes.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del segundo curso del Máster en Psicología General Sanitaria y personal técnico de investigación en el departamento de evaluación, personalidad y tratamiento psicológico de la Universidad de Sevilla. | Contacto: dansazher@gmail.com

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