La terapia centrada en el cliente

Terapia centrada en el cliente

Sabemos que el objetivo principal de cualquier proceso psicoterapéutico, sea cual sea el enfoque adoptado, es el de ayudar a la persona a cambiar todos aquellos pensamientos, emociones y/o comportamientos que resultan desadaptativos para que, así, puedan vivir una vida más satisfactoria y productiva. Para ello, dicho proceso ha de tener lugar en las condiciones adecuadas, por lo que se deben analizar y conocer todas las variables que intervienen en el mismo. Entre estos factores, uno de los elementos clave en terapia es la relación de ayuda establecida entre cliente y terapeuta.

En el seno de esta relación, el/la profesional pone en marcha una variedad de técnicas de tratamiento, destinadas a promover los cambios positivos que se buscan en el/la cliente. Estas técnicas varían enormemente, dependiendo de la perspectiva que el/la terapeuta adopte y de las dificultades y metas de cambio que plantee el/la cliente. Asimismo, la naturaleza y características de la relación terapéutica también puede variar, según las condiciones y necesidades presentes, pero siempre debe ser una relación de calidad.

Proceso terapéutico. Imagen adaptada de Passer y Smith (2007).

El Humanismo y la psicoterapia humanista

A lo largo de la Historia de la Psicología, se han desarrollado multitud de enfoques, técnicas y terapias. No obstante, en esta ocasión, nos centraremos en aquella que otorga un papel esencial a la relación cliente-terapeuta de manera específica: la terapia humanista.

Como su propio nombre indica, este tipo de terapia nace del Humanismo, perspectiva desde la cual se defiende que toda persona es capaz de controlar conscientemente sus acciones y, por tanto, ha de asumir la responsabilidad de sus decisiones y de su comportamiento. En relación con esto, se sostiene también todos/as contamos con recursos propios que nos permiten poner en marcha un proceso natural de crecimiento personal y mejora. Así, las dificultades o problemáticas desadaptativas aparecen cuando se produce un bloqueo de este proceso, provocado por percepciones distorsionadas de la realidad, la falta de consciencia sobre las propias emociones o un autoconcepto negativo, entre otras. De esta forma, la psicoterapia humanista aplica estos principios a la práctica y otorga así una importancia protagonista al cliente en el proceso de cambio y de mejora.

Asimismo, el foco principal se pone también sobre la relación cliente-terapeuta, concibiendo el proceso terapéutico como un encuentro entre dos personas en igualdad; el/la terapeuta no adopta una posición de experto en posesión de la verdad, sino que asume un rol dinamizador, creando un ambiente adecuado que promueva la autoexploración en el/la cliente para eliminar las barreras que bloquean su tendencia natural hacia el crecimiento personal.

Terapia humanista

Finalmente, cabe señalar también que, a diferencia de otras terapias como el psicoanálisis tradicional, la terapia humanista se centra principalmente en el presente y en el futuro de la persona; es decir, está dirigida a ayudar a los/as clientes a tomar consciencia de los sentimientos y emociones que están sintiendo en el mismo momento en el que aparecen, en el aquí y ahora y, de esta forma, reenfocarlos para experiencias futuras.

La terapia centrada en el cliente

La terapia de corte humanista más extendida y conocida es la desarrollada por Carl Rogers (1902-1987) en los años 40-50 y denominada terapia centrada en el cliente (también llamada a veces terapia centrada en la persona). A raíz de su trabajo como terapeuta, Rogers identificó una serie de condiciones necesarias y suficientes para crear un ambiente terapéutico adecuado y, consecuentemente, que aseguran que el proceso terapéutico tenga éxito.

En primer lugar, Rogers señala que ha de haber dos personas en contacto psicológico: la primera, el/la cliente, quien se encuentra en un estado de incongruencia; y la segunda, el/la terapeuta, quien se encuentra en un estado de congruencia. Estas dos personas, como hemos señalado previamente, han de establecer una relación horizontal. Así, en segundo lugar, otra condición esencial es que el papel dinamizador del profesional de la Psicología ha de basarse en tres atributos fundamentales e interrelacionados entre sí, que aseguran que el clima adecuado tenga lugar, los cuales son:

  • Aceptación incondicionalmente positiva: hace referencia a que el/la psicoterapeuta ha de comunicar y hacer saber a su cliente que su preocupación y consideración por él/ella es genuina y que, además, está libre de cualquier juicio, prejuicio o valoración. Además, es importante que la persona terapeuta transmita un sentimiento de confianza plena sobre la habilidad del cliente para explorar y trabajar sus problemas. Por este motivo, el/la profesional no ofrece ningún consejo o guía pautada sobre lo que el/la cliente ha de hacer, permitiendo así que sea este/a quien tome las decisiones que considere más oportunas.
  • Empatía: en una buena relación terapéutica, es esencial que el/la psicoterapeuta sea capaz de ponerse en la piel de su cliente, de ver la realidad a través de sus ojos. Para ello, se pueden usar técnicas como el reflejo de sentimiento, que consiste en que el/la profesional devuelve la información, lo que el/la cliente cuenta, reformulando o parafraseando sus palabras, de manera que se sintetice su significado y el contenido emocional del mensaje.
  • Autenticidad: debe existir consistencia y coherencia entre lo que el/la terapeuta siente, lo que piensa, lo que dice y lo que hace. En este sentido, el/la psicólogo/a ha de estar abierto/a a expresar sus propios sentimientos honestamente, ya sean positivos o negativos. Entonces, ¿podrían ser incompatibles los sentimientos negativos del profesional con su aceptación incondicionalmente positiva? Rotundamente, no. De hecho, es fundamental que el/la terapeuta sepa expresar su descontento o desaprobación en relación con el comportamiento de su cliente y, al mismo tiempo, mantenga y comunique su aceptación por este último como persona. Por ejemplo, podría decir algo como: «Me siento frustrado/a con la forma en la que estás gestionando esta situación porque me gustaría que las cosas te fueran mejor».

En el vídeo que se muestra a continuación, tenéis un documental completo sobre la terapia centrada en el cliente explicada, paso por paso, por el propio Carl Rogers, que entrevista a una de sus clientes, Gloria.

Rogers afirmaba que, sólo cuando se aseguran estas condiciones, el clima terapéutico es verdaderamente óptimo y, en consecuencia, el/la cliente podrá sentirse aceptado, comprendido y libre para explorar sus actitudes, pensamientos y emociones, sin miedo a ser juzgado o rechazado. Y, en última instancia, podrá ponerse en marcha el proceso de cambio y mejora o, en términos humanistas, desbloquear el proceso natural de crecimiento de cada persona. En este sentido, las investigaciones del propio Rogers mostraron que cuando los/as clientes experimentaban esta relación terapéutica constructiva, mostraban vayores niveles de autoaceptación, autoestima y satisfacción en su relación con otras personas de su entorno, así como una mejora en su independencia y en su funcionamiento general en la vida diaria.

Referencias

Passer, M. y Smith, R. (2007). Psychology: The Science of Mind and Behavior (4th Edition). Nueva york: McGraw-Hill.
Rogers, C.R. (1957). The Necessary and Sufficient Conditions of Therapeutic Personality Change. Journal of Consulting Psychology, 21, 95-103.
Rogers, C. R. (1981). Psicoterapia centrada en el cliente. Buenos Aires: Paidós.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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