Miedo al miedo: los trastornos de ansiedad

Miedo al miedo: Los trastornos de ansiedad / Ilustración de Caroro

Quiero explicaros lo que se siente al despertar en una burbuja. Levantar la cabeza, mirar a tu alrededor y sentir que todo está muy lejos, que tu almohada no es real, o al menos no tan real como cuando te fuiste a dormir […] Quiero explicaros lo que se siente al andar envuelta en una especie de bruma. Al notar que tus hijos te hablan, pero no puedes centrarte en sus rostros y sus voces suenan como con un eco metálico, como si vinieran de dentro de una lata, unos ecos temblorosos que llegan desde la distancia. Incluso cuando te abrazan y te dicen “Te quiero, mami”, incluso cuando les besas y sientes la calidez de sus cuerpos contra el tuyo, incluso entonces no estás segura de si ese amor es real. Te sientes culpable. Te sientes avergonzada. Intentas mirarles pero no puedes verles porque tus ojos no pueden permanecer inmóviles y, en caso de que se queden quietos, lo hacen para centrarse en una nariz o en una peca o un pelo descarriado […] Quiero explicaros lo que significa despertar un día completamente presente. Sentir tranquilidad en tu corazón porque todo sea tan normal.

Pocos sabrían dónde encajar este testimonio de Shawna Ayoub Ainslie, excepto si eres un especialista en la materia o… padeces de ansiedad.

Debido a que en el día a día solemos hacer alusión a la ansiedad y sus signos y síntomas más claros (inquietud, palpitaciones, presión en el pecho, etc.) en situaciones de estrés, nuestra cultura tiende a minimizar el padecimiento de las personas que sufren de este malestar, manteniéndonos ignorantes de otros síntomas mucho más complejos que se derivan de un estado ansioso grave, tales como la desrealización (sensación de irrealidad) o la culpa. A continuación, exponemos algunas definiciones, aclaramos algunas diferencias y derribamos ciertos mitos en torno a la ansiedad para comenzar a cambiar nuestra perspectiva sobre una patología que afecta a más de 10 millones de individuos en nuestro país.

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“Ansiedad” de Caroro

Más que miedo

Aunque solemos asociar la ansiedad con un único estado o emoción, lo cierto es que se trata de un conjunto de emociones, sentimientos y cogniciones. María Valdés Díaz y Francisco Rodríguez Testal (2011) lo definen como una respuesta inespecífica, cognitiva, más relativa a la vigilancia y que podemos definir como facilitadora o preparatoria de una respuesta o afrontamiento […] una combinación de emociones y, en gran medida, aprendida. Esta definición nos recuerda que hasta cierto punto, el miedo puede ser una respuesta totalmente adaptativa que nos ayuda ante una amenaza o peligro; el miedo nos prepara para la acción. Sin embargo, el miedo se torna sintomático o patológico (es decir, en ansiedad) cuando dicha respuesta supone, ante todo, un sentimiento de incomodidad personal, asociado a un temor indefinido, una aceleración mental y neurovegetativa y una actividad motora aumentada (Mesa Cid, Pedro; Rodríguez Testal, Francisco, 2010).

El aspecto inespecífico de la ansiedad patológica es el punto de partida para comenzar a diferenciarla del miedo; mientras el miedo es una reacción normal ante una situación de riesgo, la ansiedad es un sentimiento vital patológico. De esta manera, el miedo es motivado mientras la ansiedad es un sentimiento autónomo. Esta característica indefinida o poco clara con respecto a lo que se teme (no hay un objeto concreto), es lo que hace a la ansiedad algo más que una hiperactivación fisiológica; es aquí donde nos encontramos con un componente nuclear de la ansiedad: la expectativa o anticipación ansiosa, el miedo al miedo, esa aparición incesante de esquemas amenazantes que permite una orientación vivencial hacia el futuro donde la incertidumbre, la impredecebilidad y la incontrolabilidad se adueñan de la psique del sujeto, provocando un agotamiento mental severo.

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“El grito” (1893) del artista noruego Edvard Munch (1863-1944).

Síntoma, síndrome y trastorno

Casi todos hemos detectado en nosotros algún síntoma de ansiedad alguna vez en la vida y aunque en ese instante lo hayamos pasado realmente mal, muchos nos reponemos con relativa facilidad… pero ¿Qué pasaría si ese malestar no fuese algo puntual sino algo constante, como un martilleo incesante? ¿Qué pasaría si dichas sensaciones y pensamientos incómodos incrementasen en amplitud e intensidad? Aquí comenzaríamos a hablar de un síndrome que puede manifestarse de dos maneras:

  • Crisis de angustia/pánico: una respuesta fisiológica acelerada, en forma de ataque, donde se combinan síntomas fisiológicos que superan a la respuesta facilitadora de la ansiedad, debido a un conjunto característico de cogniciones: “me está dando un infarto”, “me muero”, “estoy perdiendo el control”, “me asfixio”, etc.
  • Afecto negativo: la tendencia a reaccionar con emociones negativas ante situaciones estresantes o de tensión, en la que destacan tres elementos principales; la expectativa ansiosa, el componente repetitivo (o reexperimentación) y el ánimo disfórico (o irritable).

La manera en que aparecen (o no) estos síndromes, su intensidad y el modo en el que la persona trata de afrontar el malestar, son los indicadores que permiten delimitar la gama de trastornos relacionados con la ansiedad; desde la Fobia social o la Agorafobia, pasando por el Trastorno de Ansiedad Generalizada o el Trastorno obsesivo-comulsivo, hasta el Trastorno por estrés post-traumático que padece Ayoub Ainslie.

“Alegra esa cara ¡Que la vida son dos días!”

El panorama se va ensombreciendo y a medida que vamos descubriendo qué es la ansiedad, nos preguntamos: “Frente a esto ¿Qué podemos decirle a alguien que padece de este malestar?” Parece que el típico «Tranquilo, no es para tanto» o el actual «No entiendo por qué te rayas tanto con esa tontería» no sólo son insuficientes sino que además, tienen el efecto contrario al que queríamos suscitar en nuestro familiar o amigo… A pesar de ello, además del tratamiento psicológico básico y el apoyo psiquiátrico (cuando sea necesario), la red que teje la vida social de la persona que padece de ansiedad es vital para el buen desarrollo de su identidad y salud mental.

Por tanto, para concluir esta entrada, veamos un par de actitudes y conductas prácticas que nos pueden ayudar a ser un buen apoyo:

  • «Alegra esa cara ¡Que la vida son dos días!»: es difícil ver a un ser querido sumido en un estado de ansiedad incontrolable en medio de una situación que, a nuestro parecer, no es nada amenazante o estresante pero a pesar de ello, deberíamos evitar siempre los “Cálmate” o frases como las que presiden este párrafo; trivializan el sufrimiento (totalmente real) que padece la persona y además, no harán que mejore. Si pudiesen calmarse o decidir tranquilizarse ¿No crees que lo habrían hecho mucho antes?
  • «Deberías…»: más que decirles lo que tienen que hacer o comentarles el método infalible que hemos encontrado para reducir su ansiedad, lo que varias personas con ansiedad van a agradecer es un simple “¿Cómo puedo ayudarte?” o “¿Qué puedo hacer para que todo esto sea más fácil?”. No importa si somos psicólogos o médicos, nuestros amigos, parejas, madres o hijos, son sólo eso: seres queridos, no clientes o pacientes. La ayuda psicológica y médica harán su trabajo desde otra perspectiva pero nuestro rol, aunque a veces denigrado por una cultura obsesionada con los héroes, es acompañarlos durante el proceso. No podemos, ni tenemos que ser los salvadores de nadie.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor” afirma la 1ª epístola del apóstol Juan, en el capítulo 4, versículo 18. Puede que estemos lejos de ese “amor perfecto”, de hecho, puede que ante estas situaciones lo último que se nos pase por la cabeza es hablar de afecto y empatía con aquellas personas que padecen de algún trastorno de ansiedad, pero si hay algo que nos permite a todos seguir hacia delante, perseverar y mantenernos firmes aún cuando aparece en escena el miedo al miedo, el miedo más angustioso de todos, eso es el sentirnos queridos y no juzgados o evaluados. El sentirnos amados más allá de lo incontrolable e incierto, pase lo que pase.

Referencias bibliográficas más relevantes

Mesa Cid, Pedro J.; Rodríguez Testal, Juan F.. (2010). Manual de psicopatología general. Madrid: Pirámide.

Mesa Cid, Pedro J.; Rodríguez Testal, Juan F.. (2011). Manual de psicopatología clínica. Madrid: Pirámide.

Enlaces de interés:

10 Mitos falsos sobre la ansiedad

8 Cosas que sólo entienden las personas que padecen de ansiedad

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Sevilla, especializándose en Psicología Clínica. | Contacto: dansazher@gmail.com

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