¿Por qué “El lado bueno de las cosas” jamás tendrá una secuela?

¿Por qué “El lado bueno de las cosas” jamás tendrá una secuela?

Desde su estreno en el Festival de cine internacional de Toronto en septiembre de 2012, El lado bueno de las cosas (Silver Linings Playbook, título original) cautivó a los espectadores mostrando con sumo realismo una comedia romántica particular, donde las vicisitudes del trastorno mental se entremezclan con el humor y el amor, despojándose de cualquier tabú o eufemismo.

Si alguien piensa que en esta entrada nos limitaremos a evaluar el ajuste de los diagnósticos que se dan en el filme, está equivocado. En lugar de ello, pasamos a ver la obra de David O. Russell desde una perspectiva global, comprendiendo el mensaje y significado de la película a través del lente psicológico, sin desestimar los recursos artísticos que nos aporta la narrativa de ésta y descubrir por qué El lado bueno de las cosas jamás tendrá una secuela.

El Lado Bueno de las Cosas (Silver Linings Playbook, 2012)

El Making Of

Tal y como nos recuerda The Hollywood Reporter, el making of de El lado bueno de las cosas podría llevar el mismo lema con el que Westing Company hizo propaganda de su película: Life doesn’t always go according to plan.

Allá por 2008, cuando Mathew Quick acababa de publicar la novela homónima en la que se inspira esta película, Sidney Pollack y Anthony Minghella se fijaron en el libro del escritor estadounidense y supieron que la historia entre Pat y Tiffany debía ser proyectada en la gran pantalla. Sin embargo, en ese mismo año tanto Pollack como Minghella fallecerían, dejando al director neoyorquino a la deriva con la adaptación de la novela. Era el primer giro inesperado. Anne Hathaway y Mark Wahlberg eran la opción preferida de Russell para encarnar a sus dos personajes principales pero las diferencias artísticas con la actriz y la elección del actor por Contraband (2012), hicieron que Playbook diera otro giro, llevando al equipo a apostar por una Jennifer Lawrence con 21 años para que hiciese de viuda y un Bradley Cooper resacoso para un papel tan complejo. Life doesn’t always go according to plan.

A pesar de ello, la perseverancia de David Russell y su éxito con The Fighter (2010), donde descubrió su pasión y habilidad para desentrañar los entresijos de familias disfuncionales a través de las cámaras, permitieron que siguiera adelante con el proyecto, una película en la que también queda plasmada parte de la vida personal del director: durante el rodaje de Tres Reyes (1999), al primer hijo de Russell se le diagnosticó autismo, diagnóstico que más tarde cambiaría al de trastorno bipolar; en El lado bueno de las cosas, el muchacho hace el papel de un adolescente que de vez en cuando atosiga a la familia Solitano para hacerle una inoportuna entrevista a Pat sobre el trastorno que padece. Pura ironía: representa el estigma que él mismo sufre por parte de aquellos que ven el trastorno como una atracción de feria.

La historia detrás de las cámaras nos permite comprender por qué la película posee esa sensibilidad y empatía que hacen de este film, uno de los relatos más justos de los últimos años con respecto a la realidad del trastorno mental.

David O. Russell y su hijo Matthew en una entrevista para Hollywood Reporter mientras sostienen las estatuillas de los Independent Spirit Awards.
David O. Russell y su hijo Matthew en una entrevista para Hollywood Reporter, mientras sostienen las estatuillas de los Independent Spirit Awards.

El lado bueno

Como comentaremos al final del artículo, la película de David O. Russell no es perfecta. Aún así, hemos decidido destacar los puntos fuertes del film y rescatar las grandes lecciones que nos dejan sus escenas:

  • Sí. Es una comedia: gracias a la comprensión y sensibilidad del director hacia los trastornos mentales, la película es capaz de adquirir un carácter cómico similar al humor de Sonrisas de una noche de verano (1955) de Ingmar Bergman, donde nos reímos por no llorar. Tanto es así, que el espectador es capaz de soltar una carcajada durante la escena en la que Pat corrige a Tiffany diciéndole que no puede bailar con su marido, no porque éste último no quisiera (como ella le comenta), sino porque “está muerto”. El lado bueno de las cosas nos permite crear un espacio cinematográfico en el que poder hablar de un problema serio de forma distendida, sin censuras, ni tabúes. Así lo cuenta el autor de la novela: “no nos reímos de alguien que posee un trastorno mental, sino de lo absurdo de la situación […] como alguien que ha trabajado en salud mental, sé que la risa es muy importante.
  • El sufrimiento: a través de los planos secuencia que pasan de fijarse en el rostro de Pat para mostrarnos la tensión en sus manos durante la consulta o mientras mantiene una riña con su padre, los espectadores pueden llegar a sentir el malestar que padecen los protagonistas. El enfoque invasivo de la cámara sobre el rostro de los actores y su desenfrenado movimiento permiten acercarnos a lo que parecen episodios maníacos en los que Pat levanta a sus padres por la madrugada por culpa de Hemingway o el vídeo de su boda. En medio de las risas, la película consigue que comprendamos hasta cierto punto lo que significa vivir cada día con síntomas similares a los de Patrizio. El mismo Russell reconoce que mientras hacía el guión del señor Solitano (un padre que lucha entre odiar y aceptar a su hijo tal y como es) junto a Robert De Niro, el actor llegaba a empatizar tanto con la historia familiar que en ocasiones lloraba durante varios minutos durante el rodaje.
  • ¿Quién tiene un trastorno mental? En una de las escenas más caóticas, el señor Solitano le recrimina a Pat la pérdida de una importante apuesta (cree firmemente que los Eagles han perdido porque su hijo no estaba en el partido) a lo que Tiffany responde con datos que derrumban sus acusaciones supersticiosas mientras Pat se niega a ser el peón de una nueva apuesta (el famoso parlay). Al final de la discusión el público duda con respecto a quiénes son los que realmente padecen un trastorno mental, ¿Pat o su padre con síntomas obsesivo-compulsivos? ¿Tiffany o la madre con rasgos neuróticos que reparte comida para aplacar los momentos de tensión? ¿El hombre que acaba de salir del centro psiquiátrico o el amigo de Pat que confiesa autolesionarse en el garaje mientras escucha Megadeth? La película nos muestra la delgada línea entre lo patológico y lo que algunos llaman normalidad, dándonos testimonio de lo absurdo que es dividir a nuestras sociedades entre locos y cuerdos.
  • Parodia: la película también es una dura crítica a la cultura occidental y se expresa por medio de la parodia. La parodia de los excesivos medicamentos que se recetan en los centros de salud mental para que los pacientes se porten bien, la parodia del posmodernismo y su absurdo positivismo (encarnado en el Silver Lining obsesivo del protagonista), la parodia del amor controlador e idílico del siglo XXI que queda reflejado cuando Pat habla de su relación con su ex-mujer: “Lo nuestro es mágico. Los dos queremos cambiar al otro, es normal. A todas las parejas les ocurre.
  • Lo mejor: concluimos este apartado con la pregunta clave de la película, la que encierra el auténtico mensaje de ella y lo que la hace tan brillante. Una pregunta que Tiffany le formula a Pat cuando éste le echa en cara su promiscuidad para superar el duelo pero que también va dirigida a la audiencia. Porque ya sea que cumplamos los criterios del DSM, o no, lo cierto es que nuestras batallas con quiénes somos y qué queremos ser, no son tan distintas como sugiere el estereotipo: “Solía ser una gran guarra pero ya no lo soy. Siempre habrá una parte de mi chapucera y sucia pero a mi me gusta junto con las demás partes de mi. ¿Puedes decir lo mismo de ti cabrón?
Escena final de El Lado Bueno de las Cosas (2012).
Escena final de El Lado Bueno de las Cosas (2012).

¿Secuela? Jamás.

Silver Linings Playbook tiene en su palmarés cuatro premios del Independent Spirit Awards, el premio del público en el festival de Toronto que hemos mencionado al inicio, un Globo de Oro y un Oscar, éstos dos últimos para la joven Jennifer Lawrence (Hathaway aún sigue tirándose de los pelos). Pero tal y como nos cuenta Young para Psychology Today: la razón por la que el film de Russell fue nominada para los premios de la Academia, no tiene que ver con su “narrativa innovadora, sino por sus personajes inusuales situados en un cliché narrativo distinto”. A veces se nos olvida que el corazón de Hollywood late por dinero y no por solidaridad.

El modo en el que psicólogo de Pat queda retratado en la película decepciona por momentos: de corte psicodinámico (una vez más), con consejos sacados de un manual de autoayuda y una relación terapeuta-cliente un tanto incómoda, donde ambos llegan a tomar cervezas en casa mientras la familia discute. “¿Qué puede haber de interesante en un programa cognitivo-conductual o una sesión de terapia de grupo*, tan habitual en el abordaje del trastorno bipolar?” Pensarían los productores. De alguna manera hay que entretener al personal.

Aquí hallamos la respuesta a nuestra pregunta. ¿Por qué “El lado bueno de las cosas” jamás tendrá una secuela? Porque no vendería. En Hollywood y sobre todo en la comedia romántica, los finales deben ser felices. La película concluye con un apasionado beso y una pareja acurrucada en un sofá en casa de los Solitano. Nadie quiere ver a Pat y a Tiffany lidiando con sus problemas psicológicos o personales a medida que se van conociendo más durante la relación. Son pocos los que se interesan por conocer realmente lo que sucede en el día a día de las personas que padecen un trastorno mental. Porque al fin y al cabo los protagonistas son personajes, no personas. La gran pantalla no refleja la realidad, sino nuestros intereses ante dicha realidad.

*Al comienzo de la película existe una escena de terapia de grupo en la institución donde Pat lleva ingresado ocho meses pero no queda claro de qué tipo es y parece más bien una pasatiempo para los internados del centro.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Sevilla, especializándose en Psicología Clínica. | Contacto: dansazher@gmail.com

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