¿Y tú, por qué no tienes pito?: la educación sexual

¿Y tú, por qué no tienes pito?

Nada más llegar de la escuela junto a Mamá, Marta arroja su mochila en un rincón del salón y le endosa dos besos a Papá. Se sienta en el comedor para engullir lo que le pongan por delante: hoy las sumas eran de ¡dos cifras! Está exhausta y hambrienta. Mientras Papá termina de servir la comida, éste le pregunta:

– Bueno, y ¿qué tal ha ido hoy el cole, Martita?

– Estoy muy cansada, Papá. Hemos jugado al baloncesto, al fútbol y al voleibol y me he reído mucho con Lucía.

– ¿Sí? ¿Y eso?- pregunta Mamá con entusiasmo. Y no es para menos, Marta ya está en primero de primaria y parece ser que lo lleva de maravilla.

– Después de gimnasia, la profe Rocío nos ha dejado ir a beber agua al servicio. Y ha venío Antoñito y se ha bajado los pantalones para hacer pipí y me ha dicho: “Martita, Martita, bájate los pantalones”, yo me los he bajado y me ha preguntado: “¿Y tú, por qué no tienes pito?” Lucía se ha reído mucho y yo también.- Marta se come dos croquetas de un solo bocado y sigue relatando la escena- Luego, Juanjo y Alba han dicho algo de sexo o algo así… ¿Qué es el sexo?

Papá recuerda de forma repentina que se le ha olvidado poner la bebida en la mesa y va a por el zumo como si la vida le fuera en ello. Carlos, el hermano mayor de Marta, echa una carcajada y Mamá interrumpe sus risas con una colleja formidable:

– Marta, eres muy pequeña para esas cosas ¿vale? Y no hay que bajarse los pantalones nunca. ¿Me has entendido? Cuando seas mayor hablaremos de eso. Y no hables con la boca llena. ¿Cuántas veces te lo he dicho?

Marta está sorprendida. Hasta ahora, siempre había podido hablar con Mamá sobre cualquier cosa. Marta está triste. Puede que haya dicho algo indebido; hacer comentarios sobre el sexo es malo. Marta está confundida. Y lo peor de todo es que sigue sin saber qué es el sexo.

Educación sexual

Eres muy pequeña para esas cosas

Entre el primer y el segundo año de vida, los menores descubren que, aparte de tener dedos, brazos y cabeza, también poseen genitales. El interés por analizar esta parte de sus cuerpos se incrementa hasta los primeros años de primaria. Los niños y preadolescentes (aquellos que se encuentran entre los 0 y 12 años) se encuentran en edades donde la curiosidad es la vela que guía su desarrollo psicológico. Si no les das respuestas, ellos las encontrarán.

Por todo ello, relegar la educación sexual para la adolescencia, no es sino perder una gran oportunidad para fomentar una visión global sobre la sexualidad basada en la igualdad, el respeto y el afecto, evitando la adquisición de conocimientos, actitudes y conductas estereotipadas o inapropiadas. De esta manera, la educación afectivo-sexual para la etapa infantil debe centrarse sobre todo en a) una vinculación afectiva que genere confianza y el aprendizaje de las distintas formas de comunicación íntimas; b) ayudar a los niños a reconocer su identidad sexual y respetar las diferencias; c) establecer un vocabulario adecuado, que permita hablar de sexualidad como si se tratase de un tema más; y d) ofrecer información que permita prevenir abusos sexuales (Hernández, 2008).

Cuánto, Cuándo y Cómo

La mayoría de padres, tutores y educadores asienten con firmeza ante lo descrito en líneas anteriores pero, como todos sabemos, de la teoría a la práctica existe un abismo. ¿Cuánto deberían saber a X edad?  ¿Me refiero a los genitales por su nombre o por eufemismos? ¿Cómo explicarles el embarazo y el parto? Ante este tipo de cuestiones, lo mejor es apoyarnos en la literatura sobre el tema que abordamos y nutrirnos de información práctica que se hace imposible de sintetizar para el artículo de un blog. Sin embargo, vemos a continuación algún ejemplo y recomendamos algunos libros para ir construyendo nuestra biblioteca de educación sexual.

En Preguntas al Amor (2005) de Virginie Dumont, un libro para niños entre 5 y 8 años presentado a modo de cuento infantil para leer en compañía de los tutores, podemos leer lo siguiente sobre ¿Qué quiere decir hacer el amor?:

Un hombre y una mujer enamorados tienen ganas de estar muy cerca el uno del otro. Sus cuerpos se enlazan. El pene del hombre se agranda y penetra dentro del sexo de la mujer. Hacer el amor es un placer muy grande. Es un momento reservado en que los enamorados están solos: es lo que se llama intimidad.

Los niños desean (y deben) conocer las cosas por su nombre. Los eufemismos pueden ser cómodos pero dificultan un entendimiento claro y conciso sobre la sexualidad. De este modo, ¿Por qué tú no tienes pito? (2004) de Olga Alamán, también se presenta como un libro sencillo de preguntas y respuestas ilustrado, sirviendo de apoyo para padres que desean hablar de sexo con sus hijos de forma distendida.

En relación a los tocamientos y juegos sexuales tan asiduos durante la primera etapa infantil, Educación sexual para niños y niñas de 0 a 6 años: cuándo, cuánto y cómo hacerlo (2008) de Carmen Hernández, se muestra como una herramienta bastante práctica, donde se especifican hasta qué punto los tocamientos son normativos y sanos (si el menor sustituye sus juegos habituales por un continuo tocamiento del pene, se consideraría algo a lo que prestar atención, por ejemplo), las ventajas del juego sexual entre iguales y sus límites (si el juego se da entre niños de distinta edad a veces se puede dar imposición y por lo tanto, ya no sería apropiado) y cómo reaccionar ante una situación en la que se dan estos comportamientos.

Educación sexual

Educación sexual y prevención

La educación sexual no sólo sirve para saciar el ansia de conocimiento de niños y niñas de manera apropiada, sino como un recurso de prevención valiosísimo. Entender su cuerpo y su sexualidad les ayudará a comprender los límites que tienen los demás en torno a éste y en qué contextos ciertas conductas son inadecuadas. Un instrumento innovador y útil para ello es ¡Estela, grita muy fuerte! (2008), de Isabel Olid, un cuento enfocado especialmente en la prevención de abuso sexual a niñas (las víctimas más frecuentes) dentro del contexto familiar (donde más se da), en el que a través de la historia de Estela, los menores aprenden cómo prevenir dichos abusos, fomentando la confianza hacia sus padres y tutores.

No se trata de adoptar posturas progresistas o conservadoras, sino de una labor educativa; durante los setenta, mientras Europa comenzaba a hablar de sexo sin tapujos con sus hijos, en España la educación sexual era aún un tema tabú. La tarea de desprender a la siguiente generación de ideas erróneas, sexistas y estereotipadas en relación al sexo depende de los padres, madres, tutores y educadores de hoy. El ¿tú por qué no tienes pito? puede convertirse en una gran oportunidad para dejar un legado cultural ejemplar, en el que la comprensión del sexo ayude a estrechar los lazos afectivos dentro de nuestras familias y no al contrario, tal y como nos afirma Carmen Hernández: Los padres y las madres que pueden hablar sobre sexualidad con sus hijos e hijas, también podrán hablar después de cualquier otro tema.

Referencias bibliográficas más relevantes

Alamán, O. (2004). ¿Por qué tú no tienes pito? . Barcelona: Planeta.

Dumont, V. (2005). Preguntas al amor (5-8 años) . Salamanca: Lóguez.

Olid, I., Vanda, M. (2008) ¡Estela, grita muy fuerte!. Madrid: Fineo.

Palacios, J., Marchesi, Á., & Coll, C. (2008). Desarrollo psicológico y educación: 1. Psicología evolutiva. Madrid: Alianza.

Río, C. H. (2008). Educación sexual para niños y niñas de 0 a 6 años: cuándo, cuánto y cómo hacerlo . Madrid: Narcea.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Sevilla, especializándose en Psicología Clínica. | Contacto: dansazher@gmail.com

2 Replies to “¿Y tú, por qué no tienes pito?: la educación sexual”

  1. Muy interesante. No sé casi nada de psicología, pero me he dado cuenta en mi escasa experiencia, que cuando un paciente sale de una consulta en la que se le ha informado correctamente del proceso, del tratamiento, etc al nivel adecuado para que lo entienda… la confianza hacia el profesional es mayor y por tanto, la adherencia al tratamiento también lo es. Por eso, y con todas las peculiaridades que tienen los niños… creo que a un niño no se le puede dejar de responder a una pregunta. Apunto los libros 😉

    1. Irene, muy interesante lo que nos cuentas en relación a la adherencia al tratamiento y la educación sexual; la ignorancia nos hace vulnerables, tanto a niños como a adultos.
      Gracias por el comentario 🙂

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