Las prisiones y la finalidad de las penas

Las prisiones y la finalidad de las penas

Delincuentes, delitos, condenas, prisiones… aspectos con los que somos bombardeados a diario por los medios de comunicación. En esta entrada vamos a hacer un repaso por varios aspectos del mundo penitenciario: qué son las penas, cuáles se pueden imponer, cuál es su finalidad, qué persigue el tratamiento penitenciario, cuáles son los efectos del internamiento o algunos “comentarios frecuentes”.

Las penas: ¿qué son y cuáles se pueden imponer?

La pena la podemos definir a partir de sus características principales que son: es un mal, al privar de derechos; tiene que estar prevista legalmente, con lo que nos referimos a que en el Código Penal se reflejan las penas a imponer según el delito; y ser impuesta por los jueces y tribunales al responsable de un delito. Además, en el caso concreto de las penas de prisión, conlleva el ingreso en un centro penitenciario y el sometimiento a un régimen de vida, es decir, a unas normas, derechos y obligaciones; quedando el recluso en una situación de dependencia con respecto a la institución penitenciaria.

En cuanto a las penas que se pueden imponer, a lo largo de la historia nos encontramos con penas como las corporales, las capitales, sobre el honor o sobre el patrimonio. En España, por ejemplo, fueron muy utilizadas las penas de galeras que consistían en una embarcación de vela y remo movida por personas forzadas a ello. Pero en la actualidad y según el Código Penal español (1995), las penas que se pueden imponer son tres: las penas privativas de libertad, las penas privativas de derechos (como la prohibición de conducir o de acercarse/comunicarse con alguna persona) y la multa.

Pena de galeras.

En cuanto a la pena, no existe discusión o controversia, ya que todas las sociedades, desde la primitiva, han tenido una reacción ante el delito. La controversia y discusión la encontramos ante la siguiente pregunta: ¿con qué finalidad se impone la pena?

La finalidad de las penas: ¿castigo o prevención?

La reclusión se ha utilizado desde hace siglos aún sin existir una arquitectura penitenciaria propiamente dicha, sino que se utilizaban palacios, sótanos o torres, por ejemplo. En España no nos encontramos con la construcción de edificios destinados a servir como prisión hasta el Siglo XIX.

Pero en cuanto a su finalidad, ésta ha ido cambiando a lo largo del tiempo y distaba mucho de asemejarse a la actual. Se entendía simplemente como una retención y custodia, como un castigo, como una fuente de mano de obra barata o como una cura espiritual. Pero poco a poco comenzó a calar la idea de corrección de los sujetos y la de humanización de las prisiones, llegando por último a la prisión como un lugar para el tratamiento, el cual está dirigido a facilitar la reeducación y la reinserción social, tal y como señala la Constitución Española (1978).

Así, nos encontramos con que a lo largo de la historia fueron surgiendo distintas teorías al respecto. Primero, las teorías absolutas que apoyaban el castigo, luego, las relativas que apoyaban la prevención y, por último, las teorías mixtas que son las utilizadas en la actualidad. A las teorías absolutas se les criticaba limitarse a ser una “Ley de Talión” y no hacer nada para corregir las desviaciones de los individuos y, por tanto, dejar que la convivencia social siguiera en peligro; y a las teorías relativas se les criticaba que se corría el riesgo de imponer las penas en función de la capacidad delictiva y no según la gravedad del delito cometido (por ejemplo, imponer una pena muy grave a un ladrón de poca monta con una alta probabilidad de cometer delitos similares en el futuro y una pena leve a un asesino por la baja probabilidad de que cometa algo similar). Así que ante estas dos teorías enfrentadas e insuficientes, aparecen las teorías mixtas que las combina convirtiéndolas en distintas fases.

Teorías sobre el fin de las penas.
Teorías sobre el fin de las penas. Click en la imagen para ampliar.

El tratamiento penitenciario: la reeducación y la reinserción social

Como ya hemos dicho, según la Constitución Española de 1978, las penas privativas de libertad están dirigidas a la consecución de la reeducación y la reinserción social, que es lo que persigue el tratamiento penitenciario. Con ello, entendemos:

  • Reeducación: compensar las carencias del recluso ofreciéndole el acceso a la cultura y al desarrollo de la personalidad.
  • Reinserción social: intento de favorecer el contacto positivo del recluso con la sociedad mediante la asemejación de la vida en prisión, lo más posible, a la vida en libertad y mediante los permisos de salida.

Pero, ¿por qué se llega a esta idea? Por varias razones, como que las penas corporales y de muerte no son efectivas para reducir la delincuencia, al Estado de Derecho, a la aceptación del penado como alguien que no está excluido de la sociedad y por el movimiento en defensa de los derechos humanos. Así que podemos decir que la pena de prisión es un mal necesario y útil y, por ahora, insustituible, cuya finalidad, a través del tratamiento, es la de “recuperar” (es decir, que tengan la intención y la capacidad de vivir respetando la ley y de satisfacer sus propias necesidades, para lo que necesitan del apoyo de la sociedad y de un trabajo que les proporcione recursos económicos) a tantos individuos como sea posible para tener una convivencia social pacífica y ordenada.

Los efectos del internamiento

A pesar de los tratos humanos y de los derechos con los que cuentan los internos, la estancia en prisión es muy dura por diversas razones. Entre ellas encontramos, por ejemplo, el simple hecho de estar privado de libertad, encontrarse en un ambiente muy normativizado, tener que convivir con determinadas personas de manera forzosa o el sentimiento de frustración y estrés ante muchas de las cosas que ocurren en el exterior (imaginad que vuestro padre está muy enfermo y no podéis estar ahí para cuidarle).

Algunos de los efectos que encontramos son: baja autoestima, percepción de fatalismo, ausencia de expectativas de futuro, locus de control externo, despersonalización, sensanción de no tener control sobre la propia vida, deterioro de la imagen corporal y de la salud, pasividad, enlentecimiento psicomotor, conformismo, indefensión aprendida, aumento de la ansiedad, depresión, desmotivación o incertidumbre.

Mitos o “comentarios frecuentes”

  • Si no tienes una condena superior a 2 años no entras en prisión -> Falso. La pena de prisión dura entre 3 meses y 20 años, salvo excepciones.
  • Si eres mayor de 70 años no entras en prisión -> Falso. Se puede entrar en prisión a cualquier edad a partir de los 18 años.
  • En los hospitales se paga la televisión y en las prisiones no -> Los internos tienen sus propias televisiones (pagadas por ellos) y además su uso se encuentra regulado en las normas. Hay que tener en cuenta que en un hospital, salvo excepciones, no se pasa mucho tiempo y en una prisión, normalmente, se pasan años. Además, en el caso de pasar mucho tiempo en el hospital, te permiten llevar tu propia televisión, ordenador portátil, etc. También hay que tener en cuenta que ver la televisión, escuchar la radio o leer es una distracción y una forma de acceder a la información y a la cultura; mientras que el aburrimiento puede llevar a conductas poco deseadas. Además, queremos que los individuos se reinserten y formen parte de la sociedad de forma positiva, así que el “aislamiento” total no es beneficioso.
  • Los permisos de salida son premios -> Falso. Los internos tienen que cumplir una serie de requisitos legales y de condiciones. Además de que el número de días de permiso es limitado y que tienen un objetivo tratamental, ya que son una manera de conseguir un acercamiento progresivo y positivo a la sociedad (preparan para la vida en libertad y evitan la ruptura total con la familia, además de ser un estímulo para la buena conducta). El comportamiento en un permiso determinará la concesión o no del siguiente.

¿Quieres saber alguna cosa más o comentar algo? Como nos encanta que participéis, podemos seguir ampliando esta entrada con vuestras preguntas y comentarios. Podéis hacerlo directamente en los comentarios que encontrareis abajo o contactando con nosotros.

Bibliografía relevante

Constitución Española, BOE nº 311 de 29 de diciembre de 1978.

Ley Orgánica del Código Penal, BOE nº 281 de 10 de octubre de 1995.

Ley Orgánica General Penitenciaria, BOE nº 239 de 5 de octubre de 1979.

Reglamento Penitenciario, BOE nº 40. Real Decreto 190/1996 de 9 de febrero.

Laura Sánchez

Graduada en Psicología y Máster en Psicología de la Intervención Social y Comunitaria en la Universidad de Sevilla, donde fue alumna interna en el Departamento de Psicología Experimental. Opositora al Cuerpo Superior de Técnicos de Instituciones Penitenciarias. | Contacto: laurasanchez@elbauldelapsique.com

Deja un comentario