Psicoalquimia #4: madurar es cosa de chicas

Psicoalquimia #4: madurar es cosa de chicas

Llegados a una determinada edad, la pubertad hace su gran entrada y, a partir de entonces, todos/as tenemos que lidiar con una oleada de cambios físicos, cognitivos, sociales y emocionales para la cual nadie antes nos ha preparado: la adolescencia. Los granitos, el estirón, los pelos por todas partes, las nuevas pandillas de amigos/as, las nuevas libertades y exigencias familiares, la mayor carga académica, las múltiples y determinantes decisiones para el futuro…

Sin embargo, existe una creencia muy extendida sobre esta determinada edad de la que hablamos, y es que las chicas maduran antes que los chicos. ¿Es esta afirmación cierta? Y, si así fuera, ¿por qué existe esta diferencia? En esta nueva entrega de Psicoalquimia, desvelamos lo que hay de mito y lo que hay de realidad detrás de esta idea.

¿Maduran las chicas antes que los chicos?

La madurez biológica: la pubertad

Es importante resaltar que, a diferencia de la adolescencia –la cual no se está presente en todas las sociedades ni tiene lugar de la misma forma a lo largo de la historia y, por tanto, se considera un constructo cultural–, la pubertad sí constituye un proceso de desarrollo biológico universal, determinado genéticamente, que marca el tránsito de la persona de la etapa infantil a la adulta.

De manera muy resumida, el comienzo de este proceso puberal tiene lugar por la activación del sistema endocrino por parte del hipotálamo, de manera que se estimula el desarrollo de las gónadas sexuales (ovarios en la mujer y testículos en el hombre) que, a su vez, aumentarán su producción de hormonas sexuales (especialmente, testosterona en los chicos y estrógenos en las chicas) y que serán transportadas a través del torrente sanguíneo a diferentes órganos del cuerpo y, así, regularán su funcionamiento, provocando finalmente la madurez sexual y los cambios físicos visibles habituales en esta transición.

Cambios puberales más importantes en chicos y chicas
Cambios puberales en chicos y chicas (adaptado de Sánchez-Queija y Herranz-Ybarra, 2010).

De este modo, el proceso puberal se produce de manera gradual a lo largo de varios años, por lo que los cambios pueden producirse de manera diferente y a distintos ritmos en cada persona. De hecho, suele darse cierta falta de uniformidad o asincronía en la aparición de dichos cambios en una misma persona, así como los cambios físicos externos (el conocido estirón) suelen ser visibles al inicio del proceso en las chicas y al final del mismo en el caso de los chicos. No obstante, es importante insistir en que, aunque los rasgos más evidentes aparezcan en distintos momentos, los cambios internos tendrán lugar de manera similar en chicos y chicas, con tan sólo unos meses de diferencia entre unas y otros y a excepción de las diferencias individuales previamente mencionadas.

Entonces, ¿existen o no diferencias reales?

A pesar de todo lo expuesto, el hecho de que los cambios físicos sean visibles en diferentes momentos según el sexo hace que, en general, se continúe pensando que los chicos maduran, al menos, entre un año y un año y medio después que las chicas. Si no lo veo, no lo creo, que se suele decir.

Por tanto, aunque a nivel biológico el proceso sea similar, estas diferencias externas pueden conllevar consecuencias a nivel psicológico que sí tendrían lugar de manera diferente en chicos y en chicas. Esto se debe principalmente a la mediación de factores sociales externos, es decir, a la reacción y expectativas de padres y madres, profesorado, amigos/as y otras personas cercanas.

Por ejemplo, hay una frase que hemos tenido que sufrir la mayoría de chicas a partir de los 11-12 años aproximadamente, concretamente con la aparición de la menarquía (primera menstruación): «Ya eres toda una mujercita». En contraposición, a los chicos nadie les informa de que se han convertido en hombrecitos, e incluso es bastante habitual escuchar a los/as adultos justificar ciertos comportamientos propios de estas edades con un contundente: «Son sólo cosas de chiquillos».

La pubertad masculina vs. la pubertad femenina | © Sarah Andersen (traducido por Tecnología del Botijo en Facebook).
Aunque la pubertad tiene ventajas y desventajas para ambos sexos, según algunas investigaciones, la percepción y la vivencia suele ser distinta para unos y otras, siendo más negativa para las chicas que para los chicos. | © Sarah Andersen (traducido por Tecnología del Botijo).

Consecuencias de la diferenciación por género

Como ya hemos comentado, especialmente las chicas que desarrollen rasgos visibles de manera más temprana serán tratadas por las personas adultas cercanas como si esta aparente madurez física estuviera acompañada por la psicológica. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, estas niñas aún no habrán completado las tareas evolutivas propias de la infancia y, por tanto, aún no contarán con las habilidades y estrategias de afrontamiento necesarias para gestionar las nuevas tareas adultas que, de pronto, se les exigen. Asimismo, esto puede ocurrir a la inversa: los chicos que tarden más en desarrollar características físicas maduras serán tratados/as durante más tiempo como niños/as, lo que igualmente puede causar cierto desajuste o malestar. En definitiva, esta diferencia en el trato y en las expectativas sobre su madurez tendrá un impacto psicológico significativo en distintas esferas de su desarrollo.

Un ejemplo claro de estas diferencias lo encontramos en el ámbito emocional, donde la influencia de estos mencionados factores sociales externos puede tener una fuerte repercusión en el autoconcepto y la imagen de sí mismo/a del/la adolescente. En este sentido, según diversas investigaciones, estas consecuencias suelen ser más negativas para las chicas, quienes tienden a mostrar niveles de autoestima más bajos, que para los chicos, quienes suelen mostrar mejor autoimagen durante este periodo. Esto puede llevar, en el peor de los casos, a generar trastornos del ánimo, como la ansiedad o la depresión o, incluso, trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia o la bulimia.

En relación con esto último, cabe señalar que, en general, el desarrollo normativo de los chicos en este periodo se caracteriza por el aumento de la musculatura y la estatura, así como de su fuerza física, lo que se acerca más al ideal de belleza masculino en nuestra cultura. Por el contrario, en el caso de las chicas, la pubertad conlleva el aumento y la redistribución de la grasa corporal, lo que se aleja del ideal de belleza femenino occidental. No obstante, estos cánones de belleza se encuentran en constante cambio y, de hecho, en los últimos años parece haber cierta predilección por modelos masculinos tan poco realistas como los femeninos, lo que puede llevar a que la situación se agrave también en el caso de estos últimos.

Ideal de belleza masculino y femenino en la cultura occidental
Esta es una de las muchas imágenes que pueden encontrarse en internet que reflejan los ideales de belleza masculino y femenino en la cultura occidental; en ambos casos, se trata de modelos muy poco realistas que, en edades preadolescentes y adolescentes, pueden provocar problemas relacionados con la autoimagen tanto en chicas como (cada vez más) en chicos.

Por otro lado, en relación con el momento en el que nos convertimos en mujercitashombrecitos, la evidencia empírica señala que la vivencia de la Spermarche (primera eyaculación de los chicos, ya sea espontánea o por masturbación) es mucho menos negativa que la de la menarquía. Esto puede deberse a varios factores, como puede ser el hecho de que la menstruación conlleva, en algunos casos, dolores (dismenorrea) de mayor o menor intensidad, así como el sangrado, que puede resultar desagradable. Asimismo, una vez más, puede deberse a la mediación de factores sociales externos, quienes convierten una y otra experiencia en situaciones que se viven de manera positiva o negativa. De hecho, pensad por un momento, ¿cuántos chicos comparten con su familia o amigos/as la vivencia de su Spermarche y cuántas chicas lo hacen en relación con su menarquía?

En definitiva, a pesar de que la pubertad tiene lugar aproximadamente en tiempos y de manera similar en ambos sexos, chicas y chicos siguen distintos ritmos y y vivencias en su camino hacia la adolescencia y la adultez, lo que conlleva implicaciones muy distintas en su ajuste psicológico posterior, tanto a corto como a largo plazo. Por ello, es importante que seamos conscientes de la gran influencia que nuestras actitudes y reacciones pueden tener sobre los/as chicos/as ante sus cambios puberales, ya que pueden alterar de manera determinante su bienestar psicológico y, en definitiva, su adecuado desarrollo como personas.

Referencias

Alsaker, F. D. y Flammer, A. (2006). Pubertal maturation. En S. Jackson y L. Goossens (eds.), Handbook of Adolescent Development (pp. 1-10). East Sussex: Psychology Press.

Archivald, A. B., Graber, J. A. y Brooks-Gunn, J. (2003). Puberal Processes and Physiological Growth in Adolescence (pp. 24-47). En G. R. Adams y M. D. Berzonsky (eds.), Blackwell Handbook of Adolescence. Oxford: Blackwell Publishing.

Bolognini, M., Plancherel, B., Bettschart, W. y Halfon, O. (1996). Self-esteem and mental health in early adolescence: development and gender differences. Journal of Adolescence, 19, 233-245.

Connolly, S. D., Paikoff, R. y Buchanan, C. M. (1996). Puberty: the interplay of biological and psychosocial processes in adolescence. En G. R. Adams, R. Montemayor y T. P. Gullota (eds.), Psychosocial development during adolescence: progress in developmental contextualism (pp. 259-299). Thousand Oaks, CA: Sage.

Palacios, J. y Oliva, A. (2004). La adolescencia y su significado evolutivo. En J. Palacios, Á. Marchesi y C. Coll (comp.), Desarrollo Psicológico y Educación (Vol. 1): Psicología Evolutiva (pp. 433-451). Madrid: Alianza Editorial.

Sánchez-Queija, I. y Herranz-Ybarra, P. (2010). La adolescencia: etapa de cambio y adaptación. En J. Delval, J. Madruga y F. Gutiérrez (eds.), Psicología del Desarrollo I (páginas desconocidas). Madrid: UNED.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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