Psicoalquimia #5: adolescencia ¿problemática?

Psicoalquimia #5: adolescencia ¿problemática?

“¡Socorro! Un adolescente  ha llegado a casa de repente” – El País, 2017.

“Por qué los adolescentes están (casi siempre) de mal humor y qué hacer con ellos” – ABC, 2016.

“Cómo conectar con mi hijo adolescente sin morir en el intento” – El Mundo, 2017.

“Cuando el enemigo es tu hijo” – Diario de Sevilla, 2017.

“Cómo convertir a tus hijos adolescentes en hijos adorables” – Mujerhoy, 2018.

Estos son algunos de los muchísimos titulares que fácilmente pueden encontrarse en la prensa al buscar palabras clave como «adolescente» o «adolescencia». ¿Y qué tienen todos, además de estos términos, en común? El catastrofismo.

¿Es real esta imagen tan extendida de los/as adolescentes? ¿Son tan terribles como nos los pintan? A continuación, vamos a desmontar algunas de las falsas creencias más comunes que existen alrededor de estapa.

Adolescencia

“Los/as adolescentes no tienen capacidad para razonar, aunque ellos/as creen que sí.”

Desde el enfoque de la Psicología Evolutiva –y, concretamente, de acuerdo con los hallazgos de Inhelder y Piaget sobre desarrollo cognitivo–, la adolescencia constituye la etapa de adquisición del denominado pensamiento formal. Esta capacidad se caracteriza por una mayor flexibilidad y complejidad en los procesos cognitivos, lo que permite a los/as jóvenes combinar e interpretar ideas, razonar y solucionar problemas de una manera diferente a como lo venían haciendo durante la infancia. Así, lo que caracteriza al pensamiento formal adolescente, frente al pensamiento concreto infantil, es la capacidad para la abstracción, es decir, la capacidad de razonar en el plano de lo mental. Existe un estadío posterior más complejo, el denominado pensamiento postformal, pero se trata de una etapa que se puede alcanzar a lo largo de la adultez o, incluso, no llegar a ella.

De acuerdo con Inhelder y Piaget, la etapa del pensamiento formal aparece en torno a los 11-12 años, en una fase inicial (estadio formal incipiente), y se consolida a partir de los 14-15 años (estadio formal avanzado). Sin embargo, los resultados de estudios realizados posteriormente muestran que este tipo de pensamiento no es universal, esto es, no todas las personas lo alcanzan ni, aquellas que lo hacen, lo hacen al mismo tiempo, ya que existen diferentes factores que determinan su adquisición.

Por lo tanto, si bien es cierto que no podemos afirmar que todos/as los adolescentes de nuestro entorno hayan alcanzado este estadío, tampoco podemos asumir que no lo hayan hecho y que, por tanto, su capacidad para razonar y pensar de manera crítica sea diferente o inferior a la que los/as adultos/as tenemos.

“Los/as adolescentes son rebeldes por naturaleza y siempre van a la contra.”

Podría decirse que esta afirmación tiene parte de razón, aunque es necesario hacer algunos matices.

En primer lugar, y en estrecha relación con lo explicado anteriormente, gracias a sus recién estrenadas capacidades cognitivas, los/as adolescentes serán capaces de pensar de manera más abstracta, utilizar un razonamiento hipotético-deductivo y resolver problemas teniendo en cuenta que lo que está presente, lo real o concreto, es sólo una de las múltiples posibilidades que existen (“lo real es un subconjunto de lo posible”, como explicaban Inhelder y Piaget en su teoría). Por tanto, es normal y necesario que a estas edades se cuestionen las normas, se comprueben los límites y se tenga un especial interés por las nuevas experiencias. Sin embargo, esto no quiere decir que quieran llevar siempre la contraria o que busquen el conflicto; simplemente, se encuentran en un momento de muchos cambios, una etapa de transformaciones a las que deben adaptarse y que, por tanto, han de conocer y cuestionar.

¿Quién soy yo? La adolescencia es una etapa de exploración en la que todo se cuestiona.

Por otro lado, cabe destacar también que, aunque la construcción de la identidad constituye una tarea abierta y en constante revisión a lo largo de toda la vida, sin duda la adolescencia es la etapa clave para su afianzamiento. Esto se debe, una vez más, a que se trata de un periodo de desarrollo con importantes cambios en la apariencia física, el desarrollo cognitivo, las expectativas sociales y el nuevo sistema de relaciones sociales; todos ellos, elementos básicos a tener en cuenta a la hora de dar una respuesta a la gran pregunta: ¿Quién soy yo? Así, los/as adolescentes se encuentran en un periodo de búsqueda, exploración y dudas y su objetivo principal es encontrar su lugar como individuos dentro de la sociedad. Por esta razón, es habitual que, en estas edades, chicos y chicas prueben diferentes estilos o “tribus urbanas”, intenten diferenciarse de la opinión de los/as demás, cambien de intereses o dejen algunas de las actividades que solían hacer para embarcarse en nuevos proyectos, lo que puede recibirse por parte de los/as adultos/as como otra manera más de enfrentamiento.

“Durante la adolescencia, relación con la familia siempre es mala.”

Sin duda, uno de los mitos más extendidos sobre la adolescencia es la idea de que este periodo conlleva inevitablemente conflictos significativos en lo que a relaciones familiares se refiere. Sin embargo, los datos empíricos disponibles actualmente señalan que, aunque tanto jóvenes como padres y madres deban hacer frente a una serie de cambios en su dinámica relacional, éstos no suponen necesariamente la aparición de conflictos graves. De hecho, menos de un 10% de las familias parecen atravesar dificultades serias y la mayoría de ellas ya lo venían haciendo desde la infancia. Las relaciones familiares se caracterizan por la intimidad y la proximidad, así como la interdependencia y la confianza mutua entre sus miembros y, como en toda relación de cercanía, no es extraño que surjan conflictos, pero esto no quiere decir que se produzcan problemas graves. La forma en la que disminuyan los conflictos familiares y se alcance el reajuste estará condicionada por la situación familiar previa a la adolescencia (continuidad).

Relaciones familiares en la adolescencia
Mientras que durante la infancia papá y mamá eran quienes poseían el conocimiento sobre la vida y ejercían la toma de decisiones unilateralmente, la llegada de la adolescencia supone un proceso de adquisición de autonomía por parte de los/as hijos/as que implica confianza y una cesión gradual de responsabilidades, así como la asunción de algunos roles adultos, entre otros.

Durante la adolescencia inicial, es decir, cuando se producen los cambios más notables por la llegada de la pubertad, es habitual que el número de conflictos aumente temporalmente en el hogar. No obstante, tras un periodo de ajuste, el sistema familiar tiende a normalizarse y vuelve a encontrar el equilibrio ya en los años de la adolescencia media, esto es, cuando se asientan las nuevas capacidades cognitivas y los progenitores se adaptan a la nueva situación. De esta forma, las transformaciones en la dinámica familiar se irán produciendo de manera progresiva durante toda la adolescencia, lo que facilitará que tengan lugar sin causar perturbaciones significativas ni rupturas emocionales entre sus miembros. De hecho, los conflictos familiares deben concebirse no como problemáticos, sino como una oportunidad natural (y necesaria) para renegociar los roles, reconsiderar y revisar las expectativas respecto a las responsabilidades y la autonomía de sus miembros, en especial, del/la adolescente.

“A estas edades, se dejan llevar por los/as demás, sobre todo, por malas influencias.”

Otro de los mitos más extendidos sobre la adolescencia, sobre todo entre padres y madres de chicos/as de estas edades, es la creencia de que los/as amigos/as pueden ser una mala influencia para sus hijos/as, incitándoles a probar alcohol o sustancias o realizar conductas delictivas, entre otras. De hecho, esta idea se ha visto reforzada desde parte de la literatura científica, ya que algunos autores han señalado a los/as amigos/as como uno de los factores de riesgo más importantes en esta etapa evolutiva, llevando a los/as adolescentes a la alienación y la indiferencia.

Sin embargo, esta creencia tan extendida es, en realidad, errónea; aunque sí es cierto que el hecho de estar en plena construcción de la identidad y que las relaciones con la familia y los/as amigos/as estén cambiando cualitativamente colocan a los/as jóvenes en una situación de vulnerabilidad ante la presión de los/as demás, ¿por qué presuponemos que  dicha presión va a ser negativa? De hecho, en muchas ocasiones, la influencia ejercida por los iguales suele ser positiva: los/as amigos/as nos avisan, por ejemplo, cuando hemos bebido más de la cuenta, cuando nuestra pareja es abusiva o nos trata mal o, simplemente, cuando cierta ropa no nos sienta del todo bien, entre otras.

Gráfica de comparación entre la conformidad positiva, negativa y neutra ante la presión del grupo de iguales. Extraído de Sánchez-Queija (2007).
Comparación entre la conformidad positiva, negativa y neutra ante la presión del grupo de iguales. Extraído de Sánchez-Queija (2007).

Aún así, cabe señalar que, aunque la familia seguirá siendo un contexto de socialización primordial durante la adolescencia, es cierto que las relaciones con otros/as chicos/as de edades similares comenzarán a ganar importancia, intensidad y estabilidad a lo largo de esta etapa. En este sentido, mientras que en la infancia las relaciones entre iguales se centraban particularmente en la actividad (el juego), ahora pasarán a tener un componente afectivo y profundo en el desarrollo de la persona, así como constituirán un apoyo básico, ya que con los/as amigos/as se compartirá el tránsito por los numerosos cambios cognitivos, personales y sociales que conlleva la etapa adolescente. No obstante, por esta misma razón, que las relaciones entre iguales pasen a ser más estables, profundas y recíprocas, conllevará un proceso de selección más preciso y específico, esto es, chicos y chicas establecerán vínculos con personas afines a ellos/as, con intereses similares a los suyos. Por tanto, cuando un/a adolescente decide realizar conductas de riesgo, no siempre podemos asumir que lo hace empujado y presionado por otros/as, sino que, en la mayoría de las ocasiones, la presencia de los/as demás simplemente ayuda a que se atreva a hacerlo.

“La adolescencia es una etapa tormentosa, llena de problemas, tensiones y sufrimiento.”

Finalmente, esta afirmación es El Gran Mito, la idea que engloba a todas las anteriores y que se encuentra arraigada en nuestro imaginario social.

Curiosamente, a lo largo de la historia, la mayoría de teorías sobre adolescencia han ofrecido siempre una visión especialmente negativa sobre la adolescencia y hablan de ella como un periodo turbulento, conflictivo y muy problemático. En este sentido, en el ámbito de la Psicología, el pionero en este ámbito de estudio es Stanley Hall, con la publicación en 1904 de su obra Adolescence, en la que define la adolescencia como un momento crítico en el desarrollo, un periodo lleno de tensiones y sufrimientos psicológicos, de situaciones de rebelión y de enfrentamiento (storm and stress). Asimismo, autores de la corriente psicodinámica como Sigmund o Anna Freud contribuyen también a difundir esta imagen de tormenta y drama: para el primero, se trata de una etapa en la que se reviven conflictos que quedaron sin resolver en la infancia; y, en el caso de la segunda, los desajustes en la personalidad adulta se relacionaban con acontecimientos de la adolescencia, periodo en el que la conducta es poco previsible y ambivalente.

Sin embargo, este enfoque negativista sobre la adolescencia no es el único punto de vista que existe. Un importante contraste lo ofrece la perspectiva de la antropología cultural, cuyo mayor exponente lo constituyen las investigaciones llevadas a cabo por Margaret Mead, donde se ofrece una visión de la adolescencia como proceso de transición fácil y sin problemas, con una clara continuidad. Por otro lado, los estudios realizados por John C. Coleman muestran también datos que no permiten sostener la idea de la adolescencia como una época caracterizada por el estrés y las tensiones. En este sentido, este autor señala que muchos psiquiatras y psicoanalistas basaban sus teorías en datos procedentes de sus consultas, es decir, de poblaciones clínicas con más problemáticas y dificultades que la media y, por tanto, que ofrecen una imagen poco representativa o distorsionada de la realidad adolescente. Además, la mayor parte de los problemas verdaderamente graves suelen ser una continuación de situaciones ya existentes durante la infancia. Por todo ello, Coleman llega a la conclusión de que, aunque sí es cierto de que se trata de una etapa en la que los/as adolescentes deben hacer frente a nuevos roles, compromisos y conflictos, la continuidad impera en la adolescencia.

Teniendo en cuenta esto, podemos concluir que la adolescencia no es tan tormentosa como se suele pensar y para la mayoría de chicos y chicas no representa un periodo de graves dificultades, aunque sí constituye un periodo de cambios cualitativos cuyo desarrollo y continuidad debemos facilitar en las condiciones adecuadas.

Referencias

Delval, J. (2002). El desarrollo humano. Madrid: Siglo XXI.
Inhelder, B. y Piaget, J. (1955). De la lógica del niño a la lógica del adolescente. Buenos Aires: Paidós, 1972.
Oliva, A. (coord.). (2015). Desarrollo positivo adolescente. Madrid: Síntesis.
Oliva, A., Ríos, M., Antolín, L., Parra, Á., Hernando, Á. y Pertegal, M. Á. (2010). Más allá del déficit: construyendo un modelo de desarrollo positivo adolescente. Infancia y Aprendizaje, 33, 223-234.
Palacios, J., Marchesi, Á. y Coll, C. (2004). Desarrollo Psicológico y Educación (Vol. 1): Psicología Evolutiva. Madrid: Alianza Editorial.
Sánchez-Queija, I. (2007). Análisis longitudinal de las relaciones con los iguales durante la adolescencia. Antecedentes familiares e influencia sobre el ajuste. (Tesis doctoral). Universidad de Sevilla, Sevilla.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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