Psicología para gente a la que no le gusta la Psicología: “El Doble” de Fiódor Dostoyevski

El Doble (Dostoievski)

A medida que se popularizan de forma burda ideas de diversas corrientes de Psicología como la Positiva o la Comunitaria, la imagen de mediocridad que la población proyecta sobre la Psicología aumenta de manera preocupante. Para ciertos sectores de la sociedad la Psicología no es más que palabrería que se puede pegar a una taza o algo que puede hacer más interesante una conversación o la tertulia de un programa de televisión.

El humo de estos enormes estereotipos acaba por sofocar al lector, alejándolo de la importante repercusión que el trabajo e investigación del psicólogo posee en su vida diaria en diversos ámbitos (sanidad, educación, empleo, política, deporte, etc.). Por ello, desde el Baúl, os presentamos la serie “Psicología para gente a la que no le gusta la Psicología”. Una propuesta cultural para hacer más viable el acercamiento a la Psicología y sus distintas perspectivas. A veces se tratará de una reseña (como la entrada de hoy), en otras ocasiones será un análisis más complejo o incluso el comentario en torno a alguna noticia relevante.

Fiódor Dostoyevski (1821-1881)

“El Doble”: Dostoyevski y la persona más allá del síntoma

Como él mismo describe en las cartas que remite a su hermano, Dostoyevski acababa de alcanzar la fama y el respeto que siempre había soñado tras publicar su primera obra literaria, “Pobres gentes” (1846). Por la calle la gente detenía continuamente al escritor ruso para felicitarle por su novela epistolar y llegó a confesar el pavor que le producía el pensar que algún día su popularidad podía sucumbir ante la crítica de sus amigos más influyentes. Es en medio de estos aires de grandeza y terror que torturan a Dostoyevski, donde el autor acaba perfilando el personaje de Yakov Petrovich Goliadkin, el protagonista de “El doble”, publicado el mismo mes que “Pobres gentes”.

Freud mismo dedicó varios escritos a desentrañar la dinámica psíquica del autor ruso a través de sus novelas, sobre todo de “El doble”.

Como menciona Konstantin Mochulsky, Dostoyevski solía “sumergirse” en sus personajes de tal manera que a veces era difícil saber quién había creado a quién. “Soy verdaderamente Goliadkin”, afirma el escritor en una carta.  Por todo ello, no es extraño que “El doble” atrape al lector en un mundo opaco donde la niebla en las calles de San Petesburgo actúa como una metáfora fantástica del embotamiento en el que se encuentran su protagonista y el propio escritor… la suspicacia, los vaivenes emocionales y la necesidad de ser reconocido dentro de un círculo social específico son descritos en primera persona desde una perspectiva tan íntima que uno duda de si Dostoyevski llegó a padecer de los mismos delirios que Goliadkin.

Muchos psicólogos de principios del siglo veinte hallaron en la biografía y en las obras de Dostoyevski la raíz de los ataques epilépticos que sufría el escritor. Freud mismo dedicó varios escritos a desentrañar la dinámica psíquica del autor ruso a través de sus novelas, sobre todo de “El doble”. La sintomatología que describe Dostoyevski en su segunda novela ha sido motivo de debate por los psicólogos más eminentes. Así vemos que mientras Freud diagnóstica una especie de esquizofrenia paranoide en la figura de Goliadkin, autores como Kohlberg en los años sesenta hablan de autoescopia y una personalidad obsesiva-compulsiva. Sin embargo, puede que no haya sido hasta hace muy poco que los psicólogos logramos rescatar el recurso más importante de las obras de Dostoyevski.

Resulta interesante y bastante provechoso leer “El doble” en una era en la que se trata de rescatar al individuo de la deshumanización estadística.

La Psicología moderna que surgía al final de la vida de Dostoyevski, hizo un gran esfuerzo por definir y clasificar síntomas, adoptando un modelo médico que olvidaría a la persona en medio de una maraña de cuadros clínicos. La necesidad de ser objetivos evitó que una perspectiva fenomenológica compensara el idealizado conjunto de síndromes y trastornos que poco tenían que ver con la realidad de los pacientes. Por eso, resulta interesante y bastante provechoso leer “El doble” en una era en la que se trata de rescatar al individuo de la deshumanización estadística. ¿Síndrome autoscópico? ¿Delirios de referencia? ¿Alogia? ¿Erotomanía? Puede que sí. Puede que Goliadkin sufriese de todos estos síntomas pero, ¿por qué? ¿Por qué el señor Goliadkin y no otra persona? Esa es la pregunta que persigue la trama.

La visión holística del autor ruso es una perspectiva pionera.

“El doble” no fue bien recibida tras su publicación. Algunos casi llegaron a acusar a su autor de plagiar a Nikolái Gógol, contemporáneo de Dostoyevski que contaba con gran reputación y había inspirado enormemente al autor de “El doble” (y a toda una generación de escritores rusos). En 1835, Gógol publicó “Diario de un loco”, un relato demasiado similar al de Dostoyevski, pero con diferencias que convienen matizar: mientras Gógol mantiene la estabilidad psicológica de su personaje en vilo hasta el final, Dostoyevski nos desvela los fantasmas que persiguen a Goliadkin casi desde el principio. Gógol hace hincapié en lo grotesco y esperpéntico de su “loco” y Dostoyevski enfatiza el rol de la alta sociedad y el impacto psicológico que tiene en el funcionario la deshumanización burocrática del Imperio Ruso de Nicolás I.

La visión holística del autor ruso es una perspectiva pionera en lo que a la concepción de los trastornos psicológicos se refiere. No en vano, Nietzsche afirmó en “El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos” (1887) que Fiódor Dostoyevski era “el único psicólogo, por cierto, del cual se podía aprender algo”.

Daniel Sazo

Psicólogo General Sanitario por la Universidad de Sevilla. En la actualidad, trabajando con población anciana y como personal técnico de investigación en el departamento de evaluación, personalidad y tratamiento psicológico de la Universidad de Sevilla. | Contacto: dansazher@gmail.com

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