Psicosomatización: cuando el cuerpo habla

Psicosomatización: cuando el cuerpo nos habla

A los seres humanos nos encantan las dicotomías: el blanco y el negro, la izquierda y la derecha, lo bueno y lo malo, el ocio y el negocio, la razón y el corazón… Y lo mismo ocurre con el cuerpo y la mente; desde que Descartes (1596-1650) introdujo la idea del dualismo, esta idea de que lo físico y lo psicológico son dos entes independientes se ha mantenido en nuestro imaginario como una constante.

Sin embargo, nadie puede negar que el corazón late más fuerte de lo normal cuando nos enamoramos. O que, cuando nos enfadamos, alzamos la voz (casi) sin quererlo. O que, cuando estamos tristes, andamos más lentamente y con pesadez. O que, al asustarnos, es posible que nuestro cuerpo se bloquee totalmente y ni siquiera podamos mover un dedo. Incluso –y de esto concretamente trata la presente entrada–, es posible que alguna vez hayáis estado tan nerviosos/as que hayáis sentido náuseas, tan tristes que hayáis sufrido dolores musculares o tan enfadados/as que sintiérais un horrible dolor de cabeza. Entonces, ¿existe realmente el límite entre lo físico y lo psicológico? ¿Por qué ocurre esto y cómo?

Psicosomatización

Psicosomatización y el modelo biopsicosocial

La psicosomatización, los trastornos psicosomáticos o simplemente la somatización son términos que hacen referencia a aquellas afectaciones que, teniendo un origen primordialmente psicológico, se manifiestan de forma física. Como ya hemos adelantado, pueden darse, entre otras: dolores musculares, problemas gastrointestinales, alteraciones neurológicas o patologías sexuales; síntomas que no pueden explicarse por lesiones, intoxicaciones o, en general, razones más relacionadas con lo corporal que con lo mental.

¿Quiere decir esto que las enfermedades somáticas son un invento de las personas que la sufren? Por supuesto que no. La experiencia de dolor y la problemática física es real e imposibilita a la persona llevar una vida con normalidad –no debemos confundirlo con el Síndrome de Munchausen, donde las personas quieren ser enfermos/as intencionadamente–.

Para entender bien este concepto, debemos abandonar el modelo dualista mente-cuerpo y adoptar un enfoque más holístico: el modelo biopsicosocial. La idea principal en la que se basa esta perspectiva es que para entender cualquier enfermedad, trastorno o afectación de manera global, tenemos que concebirla como multifactorial, es decir, que se debe a múltiples causas de diversa naturaleza. En este sentido, existirán factores biológicos (una predisposición genética, por ejemplo), psicológicos (emociones, pensamientos, rasgos de personalidad, etc.) y también sociales (por ejemplo, es posible que, en algunas sociedades, tener alucinaciones no se consideren síntoma de enfermedad, sino incluso ser una cualidad especial) que estarán incidiendo conjuntamente para que tenga lugar tal alteración. En el caso de la somatización, la causa más determinante es psicológica y se desconoce que existan causas orgánicas que lo provoquen, aunque su manifestación sea predominantemente física y suponga dificultades sociales secundarias.

Modelo biopsicosocial

¿Por qué y cómo tiene lugar el proceso de somatización?

Un dato que no debe sorprendernos es que las tasas de trastornos somáticos tienden a ser significativamente más altas en aquellas culturas donde se disuade a las personas de expresar sus emociones, así como en aquellas donde se estigmatizan los problemas de salud mental. De este modo, culturas (como la occidental, por ejemplo) donde expresar abiertamente los problemas psicológicos puede estar “mal visto”, o en las que las personas están emocionalmente reprimidas y no pueden reconocer abiertamente lo que sienten, los síntomas somáticos resultan ser la única salida para el malestar experimentado.

Por otro lado, a nivel neuropsicológico, existen diferentes explicaciones al proceso de somatización, en función de la naturaleza de las alteraciones corporales que se experimenten. No obstante, la gran mayoría de las investigaciones recientes enfatizan el papel de la percepción de los síntomas. En este sentido, las personas que sufren algún tipo de dolencia por la psicosomatización estarían percibiendo las sensaciones corporales de manera “selectiva” y traduciendo erróneamente su significado.

Por ejemplo, el modelo predominante por el que se explican los cuadros caracterizados por la percepción de dolor plantea la idea de una “neuromatriz“, esto es, un sistema en red muy amplio que incluye la activación de áreas sensoriales, de regiones límbicas y de la ínsula (implicadas principalmente en el procesamiento emocional), así como de algunas estructuras frontales (encargadas del control atencional). De esta forma, en la somatización, las áreas atencionales y emocionales estarían interactuando de manera anormal con las sensoriales, aumentando la actividad en su funcionamiento, lo que produciría una  excesiva sensibilización (o, en algunos casos, desensibilización) hacia estímulos dolorosos.

Algunos ejemplos de psicosomatización: de la fibromialgia al trastorno de conversión

Entre las muchas formas en las que puede manifestarse la psicosomatización, a continuación se describen en detalle tres de las más comunes.

En primer lugar, ¿quién no ha sentido alguna vez los nervios directamente en el estómago? Pues bien, en algunos casos, este proceso de somatización puede resultar en cuadros patológicos más graves, como es el caso del síndrome del intestino irritable (más comúnmente conocido como colon irritable). Esta enfermedad gastrointestinal es crónica y se caracteriza por fuertes dolores abdominales y/o alteraciones en el ritmo intestinal, sin que exista ningún tipo de causa infecciosa o alteraciones morfológicas o metabólicas que puedan justificar dichos síntomas. De hecho, hasta el momento, la única causa que ha podido identificarse como estable en todos los casos son altos niveles de estrés.

En segundo lugar, otra enfermedad que merece especial atención por ser cada vez más común, particularmente entre la población femenina, es la fibromialgia, la cual se caracteriza por intensos dolores en los músculos y en los huesos de forma generalizada, así como por hipersensibilidad en diferentes zonas del cuerpo, fatiga, problemas del sueño y anímicos. Una vez más, en estos casos, no existe ninguna alteración orgánica que pueda explicar el malestar físico, aunque sí se han identificado factores psicológicos como la ansiedad, la depresión o, incluso, rasgos de personalidad como el perfeccionismo o la tendencia al pesimismo.

Finalmente, uno de los trastornos psicosomáticos más fascinantes es el trastorno de conversión, el cual puede manifestarse mediante diversos síntomas (pseudo)neurológicos severos como parálisis, pérdida de la sensibilidad o, incluso, ceguera. Al igual que en los cuadros anteriores, no existen lesiones orgánicas en el sistema nervioso que puedan explicar la ocurrencia de esta sintomatología. No obstante, el factor común presente en todos los casos es haber sufrido algún tipo de experiencia traumática.

Mujeres y niños en la guerra de Vietnam, 1975. | © AP.
Aunque se trata de una alteración poco usual, uno de los casos más graves de ceguera por trastorno de conversión es el que se descubrió tras la guerra de Vietnam. Además, se trataba de un caso colectivo: un grupo de mujeres camboyanas supervivientes que consiguieron escapar del terror y la masacre, tras haber experimentado situaciones tan atroces como presenciar el asesinato de sus familias, no podían ver. «Estas mujeres habían visto cosas que sus mentes simplemente no podían aceptar», comenta Patricia Rozee-Koker en una entrevista, catedrática de Psicología que estudió a este grupo de mujeres, «así que sus mentes simplemente se cerraron y dejaron de ver, de ver más muerte, más tortura, más violaciones o más hambre».

 

 Referencias

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*Esta entrada fue sugerencia de Pedro Carrascosa. ¡Gracias!
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Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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