¿Qué es un trastorno mental y cuándo deberíamos preocuparnos?

¿Qué es un trastorno mental y cuándo deberíamos preocuparnos? | © Chris Steele Perkins, Magnum Photos.

La línea que separa los conceptos de salud y enfermedad puede llegar a ser muy fina, especialmente cuando hablamos de salud psicológica y trastorno mental. Todos/as hemos oído alguna vez las palabras tranquilizadoras de alguien cercano: «No te preocupes, es normal, a todos nos ha pasado alguna vez». Otras veces, hemos podido sentirnos desubicados/as, como si fuéramos a contracorriente, como si verdaderamente fuéramos raros. Albert Einstein dijo:

“Tengo una pregunta que a veces me tortura: ¿estoy loco yo o los locos son los demás?”

Y es que, ¿qué es lo normal? ¿Cuándo podemos considerar que tenemos un problema real de salud mental? ¿Qué es lo patológico?

Trastorno mental ¿Qué es un trastorno mental | © Chris Steele Perkins, Magnum Photos.

Signo, síntoma y síndrome

Es posible que alguna vez, al sentir algún tipo de malestar, vuestra mente os haya jugado una mala pasado y os hayáis puesto en el peor de los escenarios, acumulando pensamientos como: «nunca me recuperaré de esto», «seguro que es algo terminal», «me van a tener que operar y ya no volveré a estar como antes», y un sinfín de pensamientos irracionales por el estilo. No obstante, en el fondo, algo nos dice que no dejan de ser eso, ideas irracionales sin fundamento. Porque, cuando os duele el estómago, ¿asumís directamente que tenéis una gastroenteritis? O si os descubrís una herida en la piel, ¿lo primero que pensáis es en que tenéis la lepra?

En el ámbito de la salud, en general, y también en el de la salud mental, en particular, debemos ser cautelosos a la hora de realizar un diagnóstico y saber diferenciar las diferentes formas y manifestaciones de lo que sentimos, así como su magnitud. En este sentido, antes de pensar en trastornos, debemos diferenciar:

  • Signo: es el indicador objetivo, observable y cuantificable a través del cual se manifiesta la presencia de una patología concreta en la persona y que es identificado directamente por el clínico. Asimismo, suele ser de naturaleza simple, pudiendo adscribirse a un solo fundamento, y constante en cuanto a duración. Ejemplos de esto pueden ser la taquicardia en estados de ansiedad, la rigidez muscular en la catatonía o un índice de masa corporal por debajo de la media en casos de anorexia nerviosa.
  • Síntoma: a diferencia del anterior, este término hace referencia a la manifestación o percepción subjetiva de la patología, es decir, la forma en que cada individuo experimenta, siente, reconoce y describe el malestar. Por este motivo, los síntomas suelen ser más difícilmente cuantificables, no siempre observables, más complejos y menos constantes que los signos. Además, la persona identificará el síntoma como algo patológico en función de diferentes factores contextuales (cultura, biografía y antecedentes, etc.) y cuando su intensidad, frecuencia y persistencia produzcan un daño o desequilibrio considerable.
  • Síndromeen este caso, se trata de la combinación de signos y síntomas en forma de cuadro, esto es, con una estructura clara, aunque no necesariamente exista una correlación con una causa concreta. Por ejemplo, como mencionábamos antes, cuando tenemos dolor de estómago no lo achacamos directamente a una gastroenteritis, sino que también puede deberse a una intoxicación, dolores menstruales, gases o, incluso, una forma de psicosomatizar los nervios, entre otras muchas posibilidades.

Como estas tres definiciones indican, el hecho de que observemos algún signo, percibamos algún síntoma o incluso identifiquemos un síndrome, no es señal inequívoca de que estamos ante un trastorno como tal. Puede ser que suframos un brote o algún episodio aislado, alguna anomalía puntual provocada por unas influencias contextuales concretas e igualmente temporales, pero esto no es suficiente para determinar la existencia de trastorno patológico. Por ejemplo, podemos sufrir temblores o sentir taquicardia y respiraciones aceleradas porque estemos nerviosos/as ante algún acontecimiento importante (un examen, una entrevista de trabajo, un premio, el nacimiento  o la muerte de un ser querido, etc.), pero eso no quiere decir que suframos un trastorno de ansiedad. Asimismo, es posible que el trastorno patológico no curse con unos signos y síntomas claros o identificables, o que un mismo signo o síntoma pueda ser una señal de trastornos muy variados: un simple dolor de cabeza puede estar detrás de un cuadro de estrés, una jaqueca, migrañas, falta de sueño, ansiedad, meningitis o, incluso, un tumor cerebral.

Entonces, ¿es grave, doctor?

El trastorno puede definirse como la presencia de un patrón conductual concreto, un síndrome o un grupo de síntomas bien delimitados e identificables en la exploración clínica y que conlleva problemas de adaptación al medio; es decir, cierto grado de malestar y/o de interferencia en nuestra actividad diaria.

Dicho así, podría parecer un término demasiado amplio o vago, pero existen ciertos criterios que delimitan su significado: por un lado, han de darse ciertas características comunes que se observan y son experimentadas por las personas que padecen un determinado trastorno; y, por otro, los principios generales que determinan la forma en la que se consideran dichas características. Así, se proponen cuatro características comunes principales, que pueden tener lugar tanto de manera parcial como total:

  1. La persona con sospecha de trastorno mental padece malestar o sufrimiento subjetivo, pudiendo variar en cuanto a su intensidad, lo que suele contribuir a que se busque ayuda profesional.
  2. Este malestar produce una pérdida notable de la libertad y de la autonomía de la persona que lo sufre, al interferir con el desarrollo de sus actividades cotidianas y con el disfrute de las mismas.
  3. A su vez, esta interferencia provoca una falta total o parcial de adaptación al entorno, esto es, la persona sufre un desajuste con respecto a su contexto, ya sea familiar, laboral o interpersonal (o todos ellos juntos), lo que suele conllevar también cierto desequilibrio emocional.
  4. En la mayoría de los casos, esta desadaptación general suele derivar en una manifestación de comportamientos que interfieren en la relación social culturalmente aceptada y consensuada, por lo que se produce una violación de las normas sociales y morales establecidas.

Trastorno mental | © Raymond Depardon, Magnum Photos.

Asimismo, algunos autores incluyen otras dos características comunes como criterio básico que hacen referencia a las personas del entorno del individuo que padece un trastorno mental:

  • A priori, el patrón de conducta manifestado resulta para el resto de personas incomprensible. Los signos observados son percibidos como anormales, inexplicables, irracionales o carentes de sentido.
  • Además, la actividad y el comportamiento del individuo afectado también provoca malestar o sufrimiento personal a quienes lo rodean, especialmente a sus familiares y más allegados, principalmente por el estigma que aún siguen soportando las personas que sufren trastornos psicológicos en nuestra sociedad.

En relación con los principios generales que ordenan estas características descritas, deben tenerse en cuenta tres, primordialmente:

  1. Ningún criterio es, por sí mismo, indicador de anormalidad.
  2. Ningún criterio es, por sí mismo, suficiente para definir una conducta como anormal.
  3. La anormalidad de una conducta debe ser siempre definida en virtud de varios criterios.

Anormalidad, psicopatología y contexto

Cabe resaltar una idea que va implícita en todo lo anteriormente expuesto: el contexto es una variable fundamental a la hora de definir la patología y el trastorno. En este sentido, no podemos olvidar que una enfermedad es un proceso dinámico, inserto en un momento histórico y sociocultural concreto, por lo que su desarrollo puede variar y, por esta misma razón, es posible que un mismo signo o síntoma se identifique como tal en algunas culturas y no en otras, en ciertos grupos y colectivos y no en otros y en algunas épocas y no en otras.

Un primer ejemplo de esto es la histeria, una de las enfermedades mentales más diagnosticadas a las mujeres durante el siglo XIX (y parte del XX) en la Cultura Occidental hasta que, un buen día, dejó de considerarse como tal. ¿Quiere decir esto que nunca existió, que se erradicó, o que el concepto que teníamos de ella se desdramatizó hasta convertirse en otro tipo de problemática que no sólo afectaba a las mujeres y que cursaba de diferente modo?

Histeria

Por otro lado, la enfermedad de Koro es uno de los llamados síndromes culturales, ya que se trata de una patología que, aparentemente, sólo se da en el Sudeste Asiático. Consiste en un miedo irracional o la percepción de que los genitales están contrayéndose y pueden llegar a desaparecer, y afecta especialmente a los hombres. Pero, ¿se trata de un trastorno o de un síndrome? ¿Podría ser una forma muy específica de Trastorno Dismórfico Corporal? ¿O quizás es un síntoma más de un cuadro depresivo o paranoide o de Trastorno Obsesivo-Compulsivo? ¿Y por qué sólo se han detectado casos de este tipo en países asiáticos?

Finalmente, un último ejemplo (algo distinto a los anteriores) de esta fina línea que separa la anormalidad de la normalidad: vivimos en una sociedad en la que se premia al “mejor”, ese que llega a la cumbre, que tiene éxito laboral y gana mucho dinero, que se muestra fuerte, que parece tener excelentes habilidades sociales, que es inteligente y carismático y que, por supuesto, es capaz de sacrificarlo todo sin sentir remordimientos ni vergüenza porque, al fin y al cabo, ha llegado a ser El Mejor. Y lanzo la última de las preguntas: ¿no se asemeja peligrosamente este “ideal” de persona al perfil de la sociopatía o, incluso, al de una psicopatía muy sutil?

Referencias

Mesa Cid, P. J. y Rodríguez Testal, J. F. (2007). Manual de psicopatología general. Madrid: Pirámide.
Silva, L., Raposo-Lima, C., Soares, C., Cerqueira, J. J. y Morgado, P. (2016). Koro syndrome in an obsessive-compulsive disorder patient. European Psychiatry, 33, S618.
Wicks-Nelson, R. e Israel, A. C. (2009). Abnormal Child and Adolescent Psychology. Nueva Jersey: Pearson.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

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