Sobre selfies, autoestima y narcisismo

Selfies, autoestima y narcisismo

Sin duda, si hay algo que caracteriza a esta denominada Era de la Información o Digital que vivimos, es la importancia que han ido ganando poco a poco las redes sociales en nuestro día a día. Ya no enseñamos álbumes de fotos a nuestros/as amigos/as y familiares cuando vienen a visitarnos, ahora compartimos esas instantáneas en Facebook y en Instagram. Tampoco ya utilizamos apenas los mapas en papel, porque podemos confiar en que Google Maps conoce mejor que nosotros/as los atajos. Los periódicos más importantes han empezado a eliminar su edición impresa porque la mayoría de sus lectores acuden a informarse a Twitter o a sus webs. Y ya hasta se nos hace un poco raro que alguien nos llame por teléfono sin haber contactado previamente por e-mail, Whatsapp o Skype.

Esta nueva manera de comunicarnos y relacionarnos, además, ha traído consigo un nuevo fenómeno social: las selfies, esos autorretratos fotográficos que o bien nos encanta compartir o bien odiamos y evitamos por todos los medios.

¿Por qué compartimos fotos de nosotros/as mismos/as en las redes sociales? ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Sirve de algo? ¿Puede, incluso, llegar a ser patológico? Para responder a estas preguntas, hemos hecho un repaso por la literatura científica más reciente y hemos encontrado algunos datos muy interesantes que, a continuación, os presentamos.

Selfies

¿Para qué tanta selfie?

De acuerdo con diversas investigaciones, el uso de las redes sociales satisface dos necesidades sociales básicas: refuerza nuestro sentimiento de pertenencia al grupo y nos ayuda a construir nuestra autorrepresentación. En relación con la primera, y permitidme la redundancia, las redes sociales nos permiten establecer redes sociales con otras personas, es decir, espacios de interacción que, aún siendo virtuales, nos permiten relacionarnos con los/as demás y compartir con ellos/as todo lo que nos une, lo que nos hace sentir que pertenecemos a algo.

La selfie espacial de Luca Parmitano. | © ESA/NASA.
En 2013, Luca Parmitano, de la Agencia Espacial Europea (ESA), fue uno de los primeros en compartir una selfie espacial (o, como él la denominó, una spelfie), una tradición que muchos otros astronautas han continuado. ¿Por qué? Probablemente porque, a tantísimos kilómetros de la Tierra, esta es la forma más fácil (y divertida) de compartir con el resto de terrícolas, es decir, de pertenecer al grupo.

En el caso de la segunda necesidad mencionada, esta función de las redes sociales puede resultar algo menos evidente. La autorrepresentación hace referencia a la construcción de la imagen propia, tanto para nosotros/as mismos/as como para los/as demás, por lo que se trata de un concepto íntimamente relacionado con la identidad y el autoconcepto. Así, mostramos al mundo quiénes somos a través de nuestros perfiles en las redes sociales, seleccionando aquella información que consideramos que nos representa mejor. En este sentido, las selfies dan una “vuelta de tuerca” más a este proceso de construcción ya que, al poder seleccionar y adecuar las fotografías a nuestro gusto, facilitan la expresión de nuestro autoconcepto ideal, aquel al que aspiramos llegar. Por esto, lo habitual es ver autorretratos de personas sonriendo, viajando, disfrutando de sus hobbies y viviendo una vida bastante idílica.

¿Tiene algo que ver con nuestra personalidad?

Con respecto a esto, existen numerosas investigaciones en las que se señalan ciertas claves o signos (expresión facial, postura corporal, etc.) en las fotografías de personas, tanto retratos como autorretratos, que se relacionan con distintas dimensiones de la personalidad.

En el caso de las selfies, además, la persona retratada es también la retratante, por lo que tendrá más libertad para controlar ciertos aspectos como la iluminación, el gesto, la expresión emocional o el ángulo de disparo, lo que resultará en nuevas claves de información sobre su personalidad que no son visibles en las fotos tomadas por otros. Sin embargo, por esta misma razón, el total control sobre la fotografía y su publicación puede llevar a mostrar una imagen “engañosa”, al estar representando sólo una parte limitada y meticulosamente seleccionada (e incluso, manipulada) de la realidad.

A pesar de esto, los resultados de algunos estudios que relacionan la publicación de selfies con los principales rasgos de personalidad del Modelo de los Big Five, señalan que personas con mayores niveles de extroversión comparten más autorretratos en las redes sociales que aquellas más introvertidas. Asimismo, en la investigación de Qiu y sus colaboradores (2015) se obtuvieron resultados en los que, por ejemplo, la expresión de positivismo emocional se asociaba a mayor amabilidad apertura; aparecer haciendo un duckface (“poniendo morritos”, en español) indicaba mayores niveles de neuroticismo; y cuando las fotos eran tomadas en una ubicación privada (una casa) se relacionaba con menores niveles de responsabilidad.

El selfie de los Oscars 2014, el más famoso del mundo
Uno de los selfies más famosos del mundo es este que Ellen Degeneres, acompañada de un importante elenco de actores, tomó en la gala de los Oscars en 2014. Todos/as sonríen y se muestran felices y divertidos/as, lo que transmite que se trata de personas abiertas y curiosas, así como aflables y confiadas.

¿Tiene algo que ver con nuestra autoestima?

En este caso, los resultados obtenidos en los estudios más recientes son bastante variados: algunos señalan que las personas con niveles de autoestima más bajos suelen publicar más selfies que aquellas personas con niveles altos, especialmente en el caso de las mujeres; en cambio, otras investigaciones señalan justo lo contrario e incluso existe un tercer grupo señala no haber diferencias en relación con el autoestima de los/as usuarios/as de las redes sociales.

Robert Cornelius y Anastasia Nikoláyevna: la historia de la selfie
A la izquierda, el primer selfie de la historia, un daguerrotipo tomado por Robert Cornelius en 1839. A la derecha, Anastasia Nikoláyevna, la primera adolescente (13 años) en autorretratarse frente a un espejo; «Hice esta fotografía yo misma mirándome al espejo. Fue muy difícil ya que mis manos estaban temblando», decía en una carta que acompañaba su selfie.

¿Y por qué estos datos tan poco concluyentes? Pues bien, esto puede deberse a la propia naturaleza subjetiva de la autoestima. Por un lado, las personas con una autoestima positiva y estable publicarán más autorretratos en las redes porque no son tan susceptibles a las críticas. Y, por otro lado, las personas con niveles bajos de autoestima publicarán sus fotografías para poder mejorar la propia valoración de su autoconcepto, ya que gran parte de la construcción de nuestra autoestima tiene lugar en la interacción con los/as demás. De este modo, cada like y cada comentario positivo en una de sus fotos reforzaría su autoestima, lo que animaría a estas personas a seguir subiendo fotos de sí mismas.

En cualquier caso, sí parece que las selfies pueden ser una herramienta útil para el empoderamiento.

¿Puede llegar a ser patológico?

Casi al comienzo de este artículo, hablábamos de que las redes sociales y las selfies facilitan tanto el sentimiento de pertenencia como la autorrepresentación. En ambos casos, constituyen necesidades sociales básicas, por lo que no podemos decir que estas actividades son malas per se. De hecho, sería un error vincular las selfies a un trastorno mental, ya que no existe ninguna investigación que indique tal cosa.

No obstante, sí es muy habitual encontrar noticias en los medios un tanto alarmistas, que relacionan esta afición con problemáticas muy variadas, desde problemas emocionales leves hasta enfermedades más graves como el TDC. ¿Hasta qué punto debemos preocuparnos, entonces?

Por un lado, es posible que, en nuestro intento por satisfacer esas necesidades básicas previamente mencionadas, busquemos la aceptación de los/as demás por todos los medios, lo cual nos lleve a crear una imagen de nosotros/as mismos/as muy alejada de la realidad cuyo único fin es agradar a nuestros/as seguidores. Es el caso, por ejemplo, de la modelo Essena O’Neill, cuyas selfies en Instagram mostraban una vida idílica de una chica sin defectos ni complejos, hasta que un día decidió cambiar el pie de foto de todas sus fotografías y mostrar la realidad: «Sin darme cuenta, me he pasado la mayor parte de mi adolescencia adicta a las redes sociales, a la aprobación social y al estatus social basado en mi apariencia física», confesaba. Como ella, muchos/as otros/as han decidido empezar a utilizar sus fotografías para mostrar la realidad que esconden los retoques, los filtros y las complejas y estudiadas posturas.

Essena O'Neill: la instagramer que mostró la realidad escondida de sus selfies
Una de las instantáneas de Essena O’Neill, con el pie de foto ya cambiado: «NO ES LA VIDA REAL – Tomé más de 100 [fotografías] en posturas similares intentando hacer que mi estómago se viera bien. Apenas comí ese día. Le grité a mi hermana pequeña para que siguiera haciéndome fotos hasta que de alguna forma estuviera orgullosa de ellas. Sí, definitivamente son #goals».

Por otro lado, una pequeña parte de la literatura científica reciente, así como muchos de los artículos de prensa, relacionan las selfies con el narcisismo, especialmente en el caso de los hombres. Sin embargo, las investigaciones realizadas a este respecto son escasas y sus resultados no son significativos, a excepción de algunas dimensiones puntuales relacionadas con el narcisismo.

Por lo tanto, y haciendo balance de todo lo expuesto anteriormente, las selfies no tienen por qué ser razón de alarma para nuestra salud tanto psicológica como física, aunque, como con cualquier otro aspecto de nuestra vida, debemos hacer un uso coherente de ellas, conocer sus ventajas y también sus limitaciones y, por supuesto, trabajar para sonreír y ser quienes queremos ser incluso cuando la cámara frontal de nuestro móvil esté apagada.

Referencias

Barry, C. T., Doucette, H., Loflin, D. C., Rivera-Hudson, N. y Herrington, L. L. (2015). “Let Me Take a Selfie”: Associations Between Self-Photography, Narcissism and Self-Esteem. Psychology of Popular Media Culture, 6, 48-60.
Chua, T. H. H. y Chang, L. (2016). Follow me and like my beautiful selfies: Singapore teenage girls’ engagement in self-presentation and peer comparison on social media. Computers in Human Behavior, 55, 190-197.
Fox, J. y Rooney, M. C. (2015). The Dark Triad and trait self-objectification as predictors of men’s use and self-presentation behaviors on social networking sites. Personality and Individual Differences, 76, 161–165.
Nadkarni, A. y Hofmann, S. G. (2012). Why do people use Facebook? Personality and Individual Differences, 52, 243-249.
Qiu, L., Lu, J., Yang, S., Qu, W. y Zhu, T. (2015). What does your selfie say about you? Computers in Human Behavior, 52, 443-449.
Senft, T. M. y Baym, N. K. (2015). What Does the Selfie Say? Investigating a Global Phenomenon. International Journal of Communication, 9, 1588-1606.
Shin, Y., Kim, M., Im, C. y Chong, S. C. (2017). Selfie and self: The effect of selfies on self-esteem and social sensitivity. Personality and Individual Differences, 111, 139-145.
Sorokowska, A., Oleszkiewicz, A., Frackowiak, T., Pisanski, K., Chmiel, A. y Sorokowski, P. (2016). Selfies and personality: Who posts self-portrait photographs? Personality and Individual Differences, 90, 119-123.
Sorokowski, P., Sorokowska, A., Oleszkiewicz, A., Frackowiak, T., Huk, A. y Pisanski, K. (2015). Selfie posting behaviors are associated with narcissism among men. Personality and Individual Differences, 85, 123–127.

Julia Torrente

Graduada en Psicología por la Universidad de Sevilla, erasmus en la Universiteit Utrecht y Máster de Profesorado en la especialidad de Orientación Educativa por la Universidad de Granada. | Contacto: juliatormor@elbauldelapsique.com

Deja un comentario