“Still Alice”: el arte de perder

Psicología en 35mm: "Still Alice"

[Spoiler Alert: el siguiente artículo contiene información que desvela el desenlace del film Still Alice, así como numerosos detalles de la trama principal.]

En el séptimo arte más que en cualquier otro ámbito, si uno se dispone a contar una historia tan trágica como real, sólo existen dos desenlaces posibles: fracasar tan estrepitosamente como Jerry Lewis y “The day the clown cried” (1972) o convertirse en un Roberto Benigni a través de “La vida es bella” (1997) y ser a partir de entonces un referente mundial sobre cómo deberían contarse las cosas en la gran pantalla.

En este sentido, podemos afirmar que “Still Alice” (2014) nos cuenta las cosas muy bien.

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“Ojalá tuviera cáncer”

Si descubrimos que Lisa Genova (1970) es licenciada en psicología, especializada en psicobiología y con un Ph.D. en neurociencia por la Universidad de Harvard, no debería extrañarnos que Still Alice nos muestre los estragos del Alzheimer con un realismo y crudeza que acongojan desde el primer momento. La autora de la novela homónima en la que se basaron los directores Wash Westmoreland y Richard Glatzer para crear el guión de la película, no ha parado de retratarnos las batallas y victorias a las que se enfrentan aquellos que padecen trastornos y enfermedades que aún siguen siendo invisibles o estereotipados dentro de la cultura occidental; después del relato desgarrador de Alice publicado en 2007, en 2011 Genova escribía “Left Neglected“, la historia ficticia de una mujer que padece de negligencia unilateral, y al año siguiente la escritora estadounidense se atrevía a tratar el autismo con la novela “Love Anthony“. Su última obra, “Inside the O´Briens” publicada en 2015, nos cuenta las vicisitudes de una familia a la hora de abordar la enfermedad de Huntington que han heredado varios de sus miembros.

Westmoreland y Glatzer supieron captar el mensaje de Genova y plasman con sumo realismo el padecimiento y estigma de millones de pacientes con Alzheimer (36 en todo el mundo, para ser exactos) sin caer en sentimentalismos, ni en una mera descripción de síntomas. Este mensaje queda claramente reflejado cuando Alice y John, su marido (Alec Baldwin), poco tiempo después del diagnóstico discuten en torno a una cena con los jefes de John a la que Alice no ha querido acudir. Al tratar las razones del plantón, Alice impotente nos abofetea con estas palabras:

“Ojalá tuviera cáncer. No me daría tanta vergüenza. Cuando una persona padece cáncer la gente lleva lacitos rosas como muestra de apoyo, participa en carreras y recaudan fondos y no te sientes como si fueses un… no recuerdo la palabra.”

No se trata de juzgar las palabras de Alice, sino de preguntar, como bien hace su hija menor, Lydia (Kristen Stewart): ¿Cómo es? Como bien nos decía Deborah Young, puede que este balance casi perfecto entre crudeza y empatía que nos transmite el guión de la película este relacionado con el hecho de que uno de sus directores, Richard Glatzer, tuviese un agravamiento en la esclerosis lateral amiotrófica (ALS) que le habían diagnosticado recientemente y le obligó a co-dirigir a distancia con un iPad. Puede que Glatzer, quien falleció en 2015, estuviese aprendiendo, al igual que Alice, el arte de perder. 

El arte de perder

La mirada decisiva, risueña y perspicaz de una profesora de lingüística se transforma en unos ojos vacíos y anhedónicos en menos de dos horas. La madurez artística de Julianne Moore le valió 16 premios en 2015, incluyendo un Oscar, un BAFTA y un Globo de Oro a mejor actriz. Nadie había sido el vivo reflejo del Alzheimer en pantalla hasta entonces: los planos cortos y a veces borrosos sobre el rostro de Moore nos muestran el sudor, la desesperación y la confusión de Alice, echando a bajo, como afirma Tom Seymour, la idea de que el Alzheimer sólo es un problema de memoria.

La vida de Alice, al igual que la de todos aquellos que padecen Alzheimer, es una pérdida continua de la identidad, una agónica fragmentación del ser; como bien vemos en el fin, al principio son pérdidas relativamente insignificantes y hasta graciosas, cositas molestas que pueden ocurrirle a cualquiera como dice Alice. De repente, un día olvidas cocinar el plato favorito de tu hija, necesitas tranquilidad y demasiada concentración para tareas cotidianas que para ti eran sencillas y vuelves a darle la bienvenida a la novia de tu hijo que acababas de conocer hace 5 minutos. Las dos horas de film son veloces y vertiginosas, al igual que el deterioro cognitivo que sufre Alice. Llega la noche, te das cuenta de que tu vida jamás será igual y le confiesas a tu marido lo que ocurre:

Me pasa algo muy malo […] ¡Sé lo que siento! ¡Todo está desapareciendo! ¡Como si algo se desplomara debajo de mi!

Fotograma de la película Still Alice, donde los personajes John (Alec Baldwin) y Alice (Julianne Moore) aparecen abrazándose.

El llanto angustioso de Alice sobre el hombro de John hace que este reaccione y se percate de la gravedad del asunto. Desde ese entonces, las miradas comienzan a cambiar. Primero, miradas de incredulidad y escepticismo, No puede ser, Tu no mamá, Es imposible dicen Tom, Ana y Lydia al enterarse del diagnóstico de su madre. Luego, miradas de temor y resignación: ¡Hay que vivir! Estamos en otoño, llegará el invierno… pronto la nieve lo cubrirá todo y yo trabajaré, sólo trabajaré. – exclama Lydia al final de la obra en la que actúa no muy lejos de la casa de la playa donde Alice intenta asimilar el agravamiento de la enfermedad. Siempre me he definido por mi intelecto, mi lenguaje, mi expresión, y a veces veo las palabras colgando delante de mi y no logro alcanzarlas. No sé que será lo siguiente que pierda.

Alice aprovecha al máximo su última aparición pública con los resquicios que quedan de ella misma en un emotivo discurso para una asociación de pacientes con Alzheimer y cita a Elizabeth Bishop (1991-1979): El arte de perder no es muy difícil; / tantas cosas contienen el germen / de la pérdida, pero perderlas no es un desastre. / Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder. 

Joe Pierre dice: “No nos gusta hablar de demencia por la misma razón que no nos gusta hablar de la muerte. Porque a pesar de lo que implica el título Siempre Alice, la realidad es que la demencia es una especie de muerte, una muerte gradual de la mente en la cual la misma esencia de nuestro ser se erosiona mientras nuestros cuerpos siguen viviendo.”

Fotograma de la película Still Alice en el que se puede ver a Alice (Julianne Moore) junto a su hija, Lydia (Kristen Stewart).

La controlabilidad de la vida

Este acercamiento al punto de vista de Alice, mucho más descarnado, doloroso y emotivo que una mera narración en tercera persona, no sólo nos ayuda a comprender la desesperada situación de los pacientes y familiares que luchan de manera continua con el Alzheimer, sino que nos permite derribar las barreras entre enfermos y no enfermos: todos somos Alice al final del film. Nadie esta libre de padecer Alzheimer, pero además de ello, nadie controla su vida. La narrativa posmoderna parece otorgarnos un control inexistente: “Sé tu mismo”, “Decide quién quieres ser”, “Esfuérzate y conseguirás lo que quieras”. Sin embargo, relatos como los de Alice nos vuelven a recordar que por más esfuerzos que hagamos, por más planificado que tengamos el futuro, la vida sigue siendo igual de indomable.

“Quería entender cómo a medida que perdía sus facultades intelectuales, Alice se movía hacia una conexión emocional mucho más profunda con su familia” dice Julianne Moore para The Guardian. Mientras los escombros de sus recuerdos e identidad van cayendo, Alice comprende mejor lo incontrolable de su destino y las cosas realmente importantes de la vida, estrechando cada día más los lazos con sus hijos, en especial con Lydia, quien ensayando una obra le dice a una Alice con los ojos clavados en el vacío: Añoramos lo que dejamos atrás y soñamos con lo que vendrá. Se levanta del sofá y en un intento desesperado para poder vislumbrar un poco de lo que su madre fue un día, le pregunta si ha logrado entender algo de lo que dice, si entiende De qué se trataAlice levanta sus ojos perdidos y en un segundo de lucidez responde, no sólo a Lydia, sino también a los que padecen de Alzheimer, a los que no, a los que tienen familiares con dicha enfermedad;  a todos los que leemos este artículo y no podemos controlar lo que sucederá mañana ¿De qué trata la vida Alice?: De amor.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Sevilla, especializándose en Psicología Clínica. | Contacto: dansazher@gmail.com

2 Replies to ““Still Alice”: el arte de perder”

  1. My triste la película, pero real, así mismo es la vida de quien la padece, lo viví en carne propia con mi mamá y sufrí mucho. Ojalá y que pronto encuentren una cura para esta terrible enfermedad, Dios lo quiera!

    1. Muchas gracias por compartir tu experiencia Olivia y sentimos mucho que vuestra familia haya pasado por ese duro proceso. Y sí, esperamos que poco a poco todos los esfuerzos que se están haciendo en investigación, lleguen a buen puerto.

      Un abrazo de todo el Equipo del Baúl.

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