Esquizofrenia (I): el trastorno innombrable

El trastorno innombrable

Esta es la primera publicación de la serie “Esquizofrenia”. Las próximas entradas se publicarán en este mismo blog de manera no-consecutiva en las siguientes semanas. La segunda parte puede leerse aquí.

Hacía un par de horas que se había acabado el taller de música y todos comentaban con entusiasmo lo que se había aprendido aquel día. Todos, excepto Luis*. En un rincón del salón, el joven de casi dos metros de altura y mejillas sonrosadas yacía sumido en una profunda reflexión que no le permitía interactuar con los demás. Sin demasiada preocupación, animado más por la curiosidad que por la solidaridad, me acerqué al abismo de pensamientos que había creado en aquella esquina de la habitación y, puesto de pie frente a él, pregunté: «¿Qué tal? ¿Todo bien?». Con un ligero movimiento de pupilas, casi imperceptible, supe que me había escuchado pero no respondió. Justo en el momento en el que iba a lanzar una pregunta menos protocolaria, las enormes manos de Luis me tomaron por los brazos y comenzaron a apretar con fuerza y sin miramientos. El dolor fue tan súbito que apenas me dió tiempo de quejarme. Aún atrapado entre sus manos, Luis me miró fijamente y con expresión apática me susurró: «No he cantado bien. No me ha salido bien». Yo tenía doce años y él rondaba los veinticinco.

Luis y yo nos conocemos desde hace catorce años. Aquel día de verano tuve por primera vez la certeza de que en aquella sonrisa cándida que siempre nos regalaba, algo no iba bien. Su introversión, su humor negro y sus bueno modales nos habían conquistado a todos. Sin embargo, desde hacía unos meses, algunos habíamos observado que Luis susurraba sin interlocutor, se despistaba durante las conversaciones y cambiaba de tópico sin una línea lógica clara. Nos preocupaba a veces pero su buen ánimo y cariño nos hacían ver estos detalles como “cosas de Luis”, pequeñas piezas del puzzle que conformaban la imagen afable y sencilla que teníamos de uno de los amigos más fieles que he tenido.

El trastorno innombrable: la esquizofrenia

Tras varios fracasos académicos, su hermano pensó que sería buena idea enviar a Luis a Segovia para que trabajase en una empresa de jamones. Las condiciones de trabajo no eran las mejores pero aquel puesto le supondría un buen sueldo… Después de unos meses, Luis volvió con un jamón para todos. Pero no sólo trajo eso. También había comprado un coche nuevo, un Rolex y ropa de marca. Parecía que el trabajo había sido todo un acierto… pero en total contraste con sus regalos y sus nuevas adquisiciones, Luis parecía bastante agotado y descuidado. Sus ojos delataban que no había dormido en semanas. Cuando preguntamos por su apariencia física, nos confesó que estaba “preocupado” porque, en su nuevo trabajo, tanto su jefe como sus compañeros de trabajo habían tramado un complot contra él. En voz baja y con cierta suspicacia, mirando de reojo, nos contó cómo un coche había aparcado cerca del piso donde vivía para vigilarlo y hacerle fotografías. Aunque existían ciertas lagunas en su historia, apenas dudamos de él. ¿Por qué iba a mentirnos?

Tras un año, Luis volvió. En esta ocasión, no trajo regalos para nadie. Con la mirada perdida nos comentó que le habían quitado el coche, que ya no tenía trabajo por culpa de sus compañeros (quienes aún le perseguían, según él). Nuestro amigo se veía sumido en una profunda depresión que no le permitía levantarse de la cama. Un mes después, mientras yo recibía la notificación de mi acceso a la facultad de Psicología, su hermano nos informaba de que Luis había sido diagnosticado con esquizofrenia. ¿Se cura? ¿Podría hacer daño a alguien? ¿Cómo ha adquirido el trastorno? Había tantas preguntas… cuestiones que siguen pululando sin respuesta aparente en nuestra cultura mientras los estereotipos siguen alimentando la psique colectiva con noticias amarillistas en torno a descuartizadores y terrorismo.

A lo largo de la siguientes semanas, de forma no consecutiva, haremos un recorrido histórico y personal para comprender la esquizofrenia desde distintas perspectivas, no sólo desde el ámbito clínico o académico. Porque al hablar de esquizofrenia no sólo nos referimos a una amalgama de síntomas y síndromes que aún no sabemos muy bien cómo encuadrar en Psicología, sino también hablamos de personas: psicólogos/as, psiquiatras, familias, pacientes, trabajadores/as sociales, políticos/as, traficantes de drogas, dueños/as de farmacéuticas, profesorado, etc. De este modo, esperamos que este trastorno del que todo el mundo habla pero sólo algunos conocen, deje de ser el trastorno del miedo, el trastorno de los asesinatos, el trastorno de la vergüenza y el tabú. Puede que, al final de esta breve serie, la esquizofrenia deje de ser para algunos de nosotros el trastorno innombrable.


(*) Utilizamos el pseudónimo de Luis a lo largo del texto para preservar el anonimato de nuestro protagonista.

Daniel Sazo

Graduado en Psicología por la Universidad de Sevilla. En la actualidad estudiante del máster en Psicología General Sanitaria en la Universidad de Sevilla, especializándose en Psicología Clínica. | Contacto: dansazher@gmail.com

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